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#YoTambien #MeToo #NosotrasTambien

Ilustración por Susana Ramírez @SusanaRamirezVelez

Fui acosada por un tipo un poco mayor que yo, en una reunión de amigos, yo no estaba ebria, por el contrario, él sí. Usé el baño del dueño de la casa y cuando salí, estaba ahí, me haló durísimo y me encerró en el cuarto de al lado, claramente nadie escuchó cuando empecé a insultarlo por el volumen de la música, empezó a desnudarse y a cogerme con mucha fuerza los brazos… hubo un momento en el que algo se cayó y mientras se agachaba a recogerlo, salí del cuarto y me fui del lugar.

 

Cuando entré a la universidad a estudiar derecho, un Doctor de derecho civil, siempre se refería a mi de manera diferente en clase, los demás podían notar la forma en que me miraba, y los comentarios de doble sentido que hacía, cuando me dirigía a él era una vaina detestable me miraba el cuello y la boca, tuve que aguantarme eso un año; pues por comentarios de estudiantes de otros años, eso era normal y en la facultad no hacían nada.

 


Una vez en el carro de un compañero de la universidad que me llevó hasta la casa de una amiga, su amigo a quien yo conocía, pues estudiamos juntos un año atrás y quien iba en la parte de atrás conmigo me puso su mano en la pierna y me empezó a decir cosas tipo: “tú eres mucho bizcocho”, mirándome fijamente de la cara al pecho, mientras que quien conducía el carro, le subió el volumen al radio… afortunadamente esto ocurrió muy cerca del lugar en donde me bajaba.

 

Anónimo.

Tenía 7 años. Nunca en la vida me había cuestionado tanto esta parte de vida hasta ahora (con 21). Lo que recuerdo de estos ataques es que, primero, eran propiciados por un primo hermano de mi papá y segundo, que él siempre me culpaba a mi y yo siempre me lo creí (una parte de mí aún lo siente así).

 

 

Recuerdo de manera escalofriante dos ataques en particular. En uno me desperté porque sentí que alguien se había metido en mi cama. Me susurraba cosas (ininteligibles para mi) y me estaba metiendo la mano dentro de mi ropa interior y me estaba tocando. Lo cierto es que yo tenía muy claro que lo que él estaba haciendo no estaba bien, pero mi reacción fue quedarme lo más quieta posible, como muerta, hasta que escuche la puerta de mi casa abrirse y el agresor se detuvo, se paró y se fue. No se imaginan lo que me costo volver a tener una rutina de sueño desde esa noche.

 

 

Consecuencialmente, las cosas se fueron tornando en un infierno para mi, pues esta persona vivía en mi casa y lo tenía que ver a diario. Una cosa simple, como que me ayudara a bajar un libro que no alcanzaba, se convirtió en un “sí yo te lo alcanzó, pero si te sientas aquí en mis piernas y me sobas un poquito, porque me duele”. 

Nunca me atreví a contarle a nadie, ni mis papás, ni a mis amigos, NADIE. En ese entonces, tenía mucho miedo de lo que fueran capaces de hacer, ya que siempre me dijeron que MATABAN a cualquiera que se metiera con la niña de la casa.

 

 

Aunque siempre quise contarlo, no lo hice por miedo a lo que mi familia pudiera hacer. Hoy en día, no lo sabe nadie. Pero las secuelas sicológicas son terribles. Mi autoestima siempre ha estado por el suelo, y aunque he intentado tener relaciones sentimentales, esos recuerdos tormentosos no me lo permiten. No me gusta que me toquen, me siento incómoda con la idea de ser amada porque siento que no soy suficiente. Y aunque soy consciente que debo sobreponerme al horrible pasado, me siento incapaz. Pero comparto mi historia porque espero que con ella muchas más se sumen a esta causa y se den cuenta que no están solas #MeToo.

 

Anónimo.

Dure un año con una persona que me maltrato de distintas formas. Recibí maltrato físico, psicológico y sexual. Me pidió que me casara con él y le dije que si. Pero desde antes me había maltratado, pero tenía la falsa esperanza de que cambiara. Solía gritarme, juzgarme por mi pasado, ultrajarme y hacerme sentir como la peor basura del mundo. De hecho, incluso cuando era el que la embarraba siempre me echaba la culpa y tenía que pedirle perdón.

 

Una vez me dijo: “agradece que soy fiel o ya me hubiera conseguido a alguien que me abriera las piernas. No como tú. “ me partió el corazón en muchos pedazos y ahí estaba yo. Sin decir nada. Algunos días después lo hicimos, después de eso me encerré en el baño a llorar porque sentí que me había violado, que no me había dado otra opción. También ejercicio violencia económica sobre mi, una vez me dijo que deseaba que no consiguiera trabajo para que así no tuviera plata. 

 

Soporté año y medio hasta que él acabó esto. Nunca le dije a nadie ni pedí ayuda, lo viví sola. Al terminarlo él no me dio la oportunidad de reivindicarme. Hasta el día de hoy dice que yo le terminé, que yo lo abandoné. Sigue haciéndome sentir culpable. #Metoo #YoTambién. 

 

Anónimo.

El primer recuerdo que se me viene a la cabeza es cuando tenia 7 años, recuerdo que tenia un buso/ombliguera naranja con palmeras, estaba jugando con mis primos y “ellos eran los dueños del juego” me dijeron que íbamos a jugar a que estábamos en cine y me encerró en un cuarto mi primo que me lleva 6 años, el ya tenia 13 años y recuerdo que metió sus manos dentro del buso y toco mi pecho, lo que vino después fue mas o menos a los 9 años en la finca de mi abuela, el mismo me metió la mano en el pantalón y me decía que era normal que mas bien le diera un beso y me dejara meter los dedos, recuerdo que estábamos en el ultimo cuarto y me quede estatua, siempre que nos encontrábamos me decía cosas y en medio de mi inocencia  yo creía en algunas de ellas.

 

Cuando tenia trece años me escribía cosas por lo que era messenger, el ya tenia 18 años, me decía que aunque éramos primos me amaba, que le tenia que demostrar que yo a el. Yo ya deje de verlo como un abuso porque en mi inocencia creía todo. Exactamente un 29 de junio, faltando un mes para mi cumpleaños numero 14, estábamos en los 50 años de uno de mis tíos y me encerró en un cuarto del segundo piso, me dijo que tenia que demostrarle que lo quería, le dije que yo no quería, que yo no estaba lista. Recuerdo mis leggings de corazones negras sobre gris, mi blusa larga morada con figuritas en la mitad, que tenia ropa interior blanca y que me acostó y simplemente lo hizo. Por obra del universo una prima golpeó, yo me hice la dormida y el se metió debajo de la cama, mi prima se dio cuenta y yo me puse a llorar, le pedí que no le contara a nadie y así fue. Un año después toda mi familia se entero, mi papa me recibió del colegio con una cachetada y mis tías decían que había sido mi culpa, que yo lo buscaba, que yo era una “brincona”, que el no tenia la culpa y que nadie me defendiera. 

 

Siempre me peso, siempre anduve con eso pesando, la mama de el (mi tía) no me hablaba y sus dos hermanas decían que yo era una “perra”. Mis papas le hablan como si nada, mi hermano justo hoy subió una foto con el deseándole feliz cumpleaños, lo invitan a mi casa, comparten con el. Mientras yo tiemblo cuando lo siento cerca y todo se me revuelve, mientras el dolor se me atraviesa.

 

Anónimo.

Tenía 23 años y estaba en un bar tomando con amigos y gente conocida, yo vivía a media cuadra del sitio y cuando me iba a ir una amiga le pidió a un amigo de ella, que también era alguien que yo conocía, que me acompañara. El tipo fue conmigo, yo me despedí y me acosté a dormir en mi cuarto. Lo siguiente que recuerdo es él encima mío y no recuerdo nada más, al día siguiente el rastro físico.

 

Tardé cinco años en darme cuenta que había sido una violación, siempre me sentí responsable por haberme emborrachado esa noche, jamás dije nada en ese entonces tuve mucho miedo de hablar porque estaba en una relación con un tipo que durante el último año me obligaba a acostarme con él aunque yo no quería, yo vivía en su casa, no tenía trabajo, familia en la cual apoyarme, estaba aterrada pero no tenía a dónde ir, el tipo me había convencido de que nadie más me iba a querer y jamás podría conseguir nada mejor que esa vida. 

 

Hoy estoy lejos de allí, sola, tranquila y reconstruyendo mi vida, la violación se la conté recién esté año a un novio que tuve y una amiga, fue un primer paso para sanar, lo otro jamás lo había contado porque ni siquiera lo aceptaba, pero hoy me he conmovido profundamente leyendo tantas historias. No estamos solas. 

 

Anónimo.

Fui abusada dos veces en mi vida. Cuando tenía unos 5-6 años un primo que tenía unos 13, estaba experimentando su sexualidad y me llevó al baño, allí sacó su miembro y me hizo tocarlo, mi mente ha bloqueado el recuerdo varias veces por lo que ahora no puedo dar más detalles, sin embargo sé que fue durante bastante tiempo. Eso se lo he contado solo a dos personas en mi vida.

 

La segunda vez fue hace 5 meses cuando supongo yo, perdí mi virginidad. El día de mi cumpleaños un tipo con el que yo siempre me la pasaba en la universidad me dijo que fuera a su casa a tomar con él (yo me había tomado ya mis tragos, soy media copa y por eso ya estaba ebria) a lo que yo respondí que no, él insistió y no sé cómo, terminé montada en un taxi que me llevaba a la casa de él (el man lo pagó).

 

Allí me puse a llorar abrazada en la cama con él, desde ese momento los recuerdos se borran y vuelvan cuando estoy parada sangrando por mi parte íntima. Tiempo después mis papás se enteraron porque los papás de él les contaron (claramente echándome la culpa de todo), mis papás hicieron el mayor esfuerzo por comprenderme ese día, sin embargo, hasta hoy me dicen “si no hubiese tomado” “si hubiese dejado la compinchería” no le hubiera pasado nada de eso; incuso me dijeron que lo superara, que dejara la pendejada de querer ir con un psicólogo, que “a otros les ha ido peor”.

 

No fue hasta hace un mes mientras le contaba a alguien de lo sucedido que me dí cuenta que había sido abusada sexualmente y que no había sido mi culpa. Así mismo varias de mis amigas han pasado por cosas parecidas, por eso y mucho más debo decir que no estamos solas, somos fuertes.

 

Anónimo.

Yo tenía unos 12 años, tengo un padrastro desde que nací y él siempre fue mi adoración, en muchos sentidos hizo el rol de papá y mamá, yo fui su consentida. Un día estábamos el y yo viendo tv y mis dos hermanos en la sala, él me dijo que tenía que ver como estaban creciendo mis senos y yo simplemente me reí, pensé que era un chiste y él me empezó a bajar la blusa, a besarme los senos y a besarme en la boca, quedé inmóvil, no sabía qué estaba pasando, no sabía que estaba viviendo, no entendía nada, si no es porque mi hermano menor llega, no se que hubiera pasado.

 

En la noche le conté a mi mamá y no me creyó, nunca hizo nada, no lo dejó, no le reclamó, nunca hablamos de eso. Me siento muy culpable y peor aún nunca hacer nada, nunca hablarlo, siempre pienso que nadie me va a creer, y que me van a decir que es mi culpa.

 

Anónimo.

Esta historia es algo que me cuesta mucho contar;  a la edad de más o menos 5 años, mi hermano que en ese entonces tenía13, me acostó en el sofá de nuestra casa, me besó, Me tocó y me dijo: (porque a pesar que han pasado casi 20 años lo recuerdo perfectamente) : esto es lo que  más te va a gustar, acto seguido me bajo la ropa interior y me hizo sexo oral, lo Cual en ese momento no sabía que era ni el trasfondo de lo que estaba pasando, a pesar de sentirme incómoda no hice ni le dije nada; era mi hermano supuse que estaba bien, era tan sólo una niña. Y por esto mismo, al creer que era algo normal empecé a hacer lo mismo con mis primos y primas menores.

 

A tocarnos, ésta situación duró aproximadamente 1 año, con mi hermano jamás volvió a pasar. Nunca más en su vida me tocó de ninguna manera; con mis primos un buen día decidí que no quería más, era algo que me hacía sentir incómoda y no entendía por qué accedía y dejaba que siguiera pasando;  jamás hablamos de eso, supongo que todos lo reprimimos,  ahora todos somos adultos y siempre hemos tenido una buena relación, en medio de todo creo que para nosotros fue algo de niños. Hoy, recuerdo eso y siento una presión en el pecho, unas ganas de volver a esa edad y abrazar a mi yo de 5 años que no tiene ni tuvo la culpa de nada. Me ha costado mucho entender esto, es algo que aún hoy me atormenta, me siento culpable, vulnerable. Es algo absurdo de lo que jamás he hablado con alguien pero necesitaba desahogarme al menos como por liberar cargas.

 

Por otra parte; debo decir que uno de los lugares donde más nos sentimos indefensas e inseguras como mujeres es el transporte público,  han sido muchas las veces en las que hombres mayores y no tanto aprovechan que está lleno, que es imposible moverse para “rayarme” prácticamente masturbarse detrás mío y la impotencia de no poder hacer nada, porque esta muy lleno o por tener miedo a la reacción o simplemente quedar paralizada, es nefasto. Me ocurrió en transmilenio, Bogotá, hora pico en la mañana, un hombre se subió detrás mío y se me pegó tanto que lograba sentir en mi cola su pene, incómoda intente correrme hacia el frente, colocarme la maleta justo ahí o intentar ir a otra parte del tm pero estaba tan lleno que lo único que pude hacer fue pegarme mucho a la señora de enfrente y “meter” la cola para dejar un espacio entre el y yo pero para el no era suficiente, cada que el bus frenaba o se balanceaba se movía restregándome todo.

 

Cuando logré moverme me voltee y puse mi espalda contra la puerta y en frente la maleta, el hombre quedó frente mío a una distancia no mayor a un metro, iba tan incómoda que sólo miraba por la ventana pero sentía su mirada en mi. De pronto sentí como, algo debajo de mi maleta se movía hacia mi entrepierna, rápidamente corrí la maleta y mire y era la mano de este hombre, quedé paralizada, en ese momento el transmilenio abrió las puertas y a pesar de que no era la estación en la que debía bajarme salí inmediatamente, tras cerrar las puertas mire al hombre quien sonrió y me guiño el ojo en símbolo de satisfacción y sentimiento de grandeza, asumo yo. Realmente fue una experiencia horrible. 

 

 

Anónimo.

Hola buenas noches, yo tenía un novio con el que demoré mucho tiempo y tenia planes para tener mi hogar, lo amaba y le aguante muchas cosas. Cada vez que se enojaba me insultaba, me decía que yo era una gonorrea, hp, malparida, y cada cosa que se le ocurría, aun así mantuve siempre la esperanza que cambiaria, nos fuimos a vivir juntos en una crisis de novios (mi peor error) estando juntos empezó a celarme con todo el que se me acercara hasta mis amigos de trabajo

 

Un día en una escena de celos me golpeo súper fuerte en el vientre y solo porque Dios guarda mi vida en no me reventó contra la pared, y así varias veces me golpeó, luego de esos hechos yo no quería estar con el mas, y me obligaba a tener relaciones con el, un día hizo un tiro, y luego de eso por temor me tuve que acostar con el al lado

 

El era policía, pese a que había salido un decreto para el no porte de armas a el se la dieron con mucha facilidad, cuando fui a pedir el amparo policivo el agente que me atendió al momento de enterarse que era policía es como si le hubieran dicho protégelo, la mano le temblaba para darme el amparo.

 

Fui a la oficina de la mujer y con el violentometro me dijeron que el próximo paso era el feminicidio, ustedes no saben lo horrible que fue eso y que aun sigue siendo, no me siento segura en la calle, en el momento menos deseado me dan ataque de pánico solo de acordarme, me dijo que si quería que el desapareciera de mi vida que le diera 20.000.000 y yo le dije ok te los doy y luego me dijo que no, que así me escondiera debajo de una piedra el me encontraría. No le deseo esto a nadie, por favor cuídense, valórense, y al menor rasgo de maltrato aléjense. 

 

 

Anónimo.

Queridas lolas, merecemos más que la alegría y es el respeto, hace dos años sufrí un abuso sexual por parte de mi ex jefe. Soy diseñadora de modas y hace dos años trabaje en una empresa de ropa interior, mi jefe (hombre) siempre se mostró muy amable, nunca me molesto en la oficina, pero yo siempre note que el se babeaba cuando veía una mujer y pues lo demostraba mucho. Era confianzudo y le gustaba hablar de sexo abiertamente.

 

En la empresa de el dure 6 meses y ya. Al siguiente año, me llamo a preguntar si tenia empleo y le dije que no, entonces me dijo que si quería podía trabajarle freelance y pues acepte. Yo le mandaba diseños y un día fui a la casa de el a mostrarle mis diseños, así sucedió dos veces , hasta que un día me invito a hacer ejercicio a la casa de el, que porque el tenia muchas maquinas y que yo era muy linda y me faltaba solo levantar un poco mas la nalga y ya, yo pues en ese tiempo tenia novio y pensé que eso seria algo bueno, estar en forma para mi y para que mi novio me viera mas linda, y pues un día fui a la casa de el, empecé con la elíptica y luego pesas, el puso música muy duro, y luego empecé a hacer abdominales en la colchoneta, luego el quiso “ayudarme” y dijo que mejor me haría un masaje en la espalda, pero empezó a tocarme y llevó sus dedos dentro de mi vagina y yo me incomode y el solo me dijo “tranquila “ y me seguía tocando.

 

La verdad yo solo gritaba por dentro, quería correr pero no podía, quería pegarle pero me sentí frágil, el me masturbo y me dijo que le diera besos y yo le dije que no, y me decía que no pasaba nada que lo besara y me le quite de encima, yo salí corriendo y me se sentía muy sucia, Lolas, no me culpen, pero es que a veces tenemos fe en algunas personas y resulta que no son como pensamos, uno confía y uno siente que realmente lo respetan pero no, ese día no me defendí, yo siempre he tenido dificultad para decir las cosas o ser muy explosiva, pero ese día no pude decirle todas las palabras feas del mundo, yo salí corriendo y temblando y pensando en mi ex novio :(. a mi mama solo le dije que el intento besarme, pero nunca le he contado la verdad y a mi compañera de trabajo le conté porque ella también abiertamente me contó que sufrió abuso sexual cuando era niña por parte de un primo.

 

Para mi no olvido esto, pero lo pude manejar en mi relación, pero #yotambien hago parte de este grupo de mujeres.

 

Anónimo.

Han pasado ya casi 7 años y aun duele recordarlo. Tenia aproximadamente 18 años, y terminé una relación de casi 3 años. Resulta que meses después nos encontramos en una fiesta y el me pidió “el favor” de que habláramos, resulta que me llevo a un cuarto y estábamos hablando acerca del porque todo se había acabado (el estaba algo tomado, al igual que yo) resulta que se empezó a poner agresivo y en esas se me tiró encima, me agarró las manos y me subió el vestido, en esas empecé a gritar y nadie acudió a mi, resulta que después me quito la ropa interior y abusó de mi y por más que gritaba y lloraba el no paraba, aún no olvido ese momento y aún se me eriza la piel al recordarlo, después se levanto, yo cogí mis cosas y salí corriendo de ahí, llegué llorando a mi casa pero por obvias razones no pude contarle a mis padres.

 

Después recibí un mensaje de el él cual decía (y recuerdo claramente) perdón, yo sólo quería saber si aún me amabas. Aparte días después tuve unos dolores bajitos horribles y un sangrado (no era normal) y resultó ser que a consecuencia de eso tuve un aborto espontáneo.

 

Ha sido la peor experiencia de mi vida, lo perdone y créanme que ese proceso fue difícil y más llevarlo sola, pero aquí estoy, seguí mi vida y aunque se me es difícil creer en los hombres lo he intentado. (Han pasado los años y mis padres aún no lo saben).

 

Anónimo.

Para que ninguna otra pase por lo mismo, para que sientan seguridad de hablarlo a tiempo, de despertar de ese estado de inconsciencia en el que caes sin saberlo.

 

Tenía 10 años más o menos. Mis papás me llevaban donde mi abuelita mientras trabajaban. Un tío constantemente me invitaba a verlo, tocarlo… yo, a esa edad, me sentía muy rara. Accedía a sus invitaciones al cuarto, no entendía qué estaba pasando. Me regalaba stickers y yo aceptaba sin saber en qué estaba cayendo. El día que intentó penetrarme, salí de su cuarto corriendo y le dije a mi abuelita “me quiere embarazar” a lo que ella respondió: No digas nada, tu papá lo puede hacer meter a la cárcel. Y eso fue todo, ahí mi consciencia se apagó. Fue como si me hubiera activado el modo piloto automático. No tengo recuerdos de mi niñez; de mis primeros años de adolescencia tengo pocos y muy nublados.

 

A los 18 años, algo que me preguntaron, de la nada, me despertó; fue como devolverme en el tiempo, recordar esas palabras, recordar todas las veces que me llevó a escondidas y empecé a derrumbarme poco a poco… empecé a beber sin control, a contar la historia a medias en medio de mi ebriedad, a victimizarme, estaba luchando con una bomba que acaba de estallar y no sabía qué hacer. Sentía rabia hacia el ser que más había amado nunca por hacerme dicho que callara, sentía miedo de hablar pues sentía que había propiciado los hechos. Me sentía sola. Desde entonces he sentido una confusión interna que después de 8 años veo con más claridad.

 

He intentado muchas veces escribir sobre esto y habían tantas cosas que no entendía que simplemente me quedaba en blanco.

 

Desde hace un año, empecé un proceso de introspección pues sentía una desconexión absurda conmigo misma; me cuestionaba todo acerca de mi personalidad, me sentía un mix de cosas que no entendía de dónde venían. Hace poco empecé a leer un libro, en el que hablan del despertar de la consciencia, que es un proceso en el que se reconoce al ser interior para poder interactuar con el exterior y yo siento que llevo años en ese proceso, sin saberlo. Ese desconocimiento ha hecho el proceso más largo y más doloroso. Ha afectado mis relaciones personales y mi relación conmigo misma.

 

Me dejé de sentir culpable, perdoné y dejé que mi corazón sanara. Pensaba que de eso dependía estar en paz y sentirme llena. Hasta apenas hace un año que empecé a notar que no, algo más faltaba, ese piloto seguía un poco en automático y me atrevo a decir que desde entonces el despertar ha sido más lindo, más amoroso y en los últimos meses me he llenado la vida de mi misma. Creo firmemente que esa conexión es la que me permite hoy estar compartiendo esto con ustedes.

 

Cuando vi la iniciativa, lo dudé, pensé que no era necesario revivirlo, pero lo hago porque a lo mejor hay alguien más en el mundo manejando en piloto automático y no quiero que tengan que esperar 10 años para que la vida se les vuelva a conectar.

 

Anónimo.

Estaba recién casada, tenía 17 años y el 28, el quería contratar una prostituta a domicilio para hacer un trio, después de muchos días de insistencia y de maltrato psicológico como “yo me casé contigo porque no eres una mojigata”, accedí a que la llamara; cuando venía en camino me arrepentí y llorando le dije que ya no quería y me botó la plata que le iba a pagar a la chica en la cara y me gritó que cuando ella llegara yo mirará a ver qué hacía, yo era chiquita y siempre hacia lo que el decidiera así que pedí disculpas y dije que bueno que lo hiciéramos, después que ella se fue me bañé durante mucho tiempo llorando. Duré 9 años más casada y eso fue solo el principio de “hacer caso”

 

Anónimo.

Tengo 26 años. Cuando tenía 7 años y me encontraba en la casa de mis abuelitos solía jugar en la sala de ellos construyendo con los cojines casitas y castillos. Estaba con mi hermanita, 2 años menor, cuando de repente, un primo, que nombraré como A y que sufre de un retraso mental, que en ese momento tenía 23 años, me invitó a una de las habitaciones de la casa. Mis papás estaban conversando con mis abuelos y mi tía (la mamá de A). A me llevó a la habitación y cerró con seguro, augurando que algo malo iba a hacer, me desnudó, luego se quitó sus calzoncillos y se acercó a mi. Yo no sabía que estaba pasando pero si sentía que no era nada bueno. Justo cuando iba a violarme tocaron la puerta, y afuera se escuchaba a mis padres, mis abuelos y mi tía gritándole que abriera. Él asustado la abrió, mis padres corrieron a mi, después de eso sólo recuerdo a mi papá revisándome (es médico) y diciéndome hija tranquila no pasó nada. A él sólo le pegaron, para mi no fue suficiente.

 

Esa situación y ese momento que a pesar de que no llegó a violación para mi si lo fue, me sentí sucia, me sentí ultrajada y sentí que ya no era inocente. A pesar de que tuve una infancia feliz, ese suceso siempre estuvo ahí y más cuando tenía que ir a la casa de mis abuelos y verlo ahí como si nada hubiera pasado.

 

En los siguientes años sentimos repudio en la casa de mi abuela, ellos creían que nosotros no le hablábamos a él por su condición.

 

A mis 18 años, un 31 de Diciembre, decidí hablarlo con mis papás, sentí esa necesidad. Les conté que yo recordaba, que yo sabía que eso había pasado y que me dolía en el alma que nunca lo hubieran castigado y que peor, que en mi familia nos rechazaran cuando no tenían ni idea de cuál era la causa. Mis padres llorando me pidieron perdón ya que creyeron que habían hecho lo mejor, ocultarlo para que a mi no me hicieran malos comentarios y me señalaran. Yo, en ese momento no lo entendí, más tarde si, porque supe que lo hicieron como acto de amor y protección.

 

Empecé a sufrir de cuadro de depresión y ansiedad, era agresiva, no permitía que nadie se me acercara, tuve tratamiento con psicólogos y psiquiatras. Un día le dije a mi psicóloga, quiero hablarlo, quiero que mi familia, que tanto daño que ha hecho conozca esta historia, no para que cambien conmigo sino para yo liberarme y cambiar conmigo y no sentirme culpable porque una persona con retraso me había intentado violar a mi y debía comprenderlo porque “las personas así no saben lo que hacen”, no soy capaz con este pedo, que además no me deja dormir tranquila, ya que tenía pesadillas en las que yo misma lo castigaba a él por lo que había hecho. Así que lo hice, con el apoyo de mis papás y mi hermanita, citamos a mi familia un día. Llegamos a la casa de mis abuelos, allá llegaron todos y comencé a contar mi historia, el hermano de A como era de esperarse salió en su defensa y me juzgó por llamarlo violador, aún sabiendo que su hija, que tiene 6 años menos que yo pudo haber sido la víctima. Él le dijo a mi papá que él siendo médico porque no había hecho algo por A, mi papá le dijo que lo más importante era su hija. También dijo que él era retrasado a lo que la respuesta fue que si me encerró era porque sabía que lo que había no estaba bien; las mujeres lloraron, los hombres permanecieron sin alterarse; ahí comprendí lo difícil que es ser mujer en una sociedad tan machista. En la conversación conocimos que A había acosado a una primita, estrujándola contra la pared, abriéndole las piernas e intentándola besar.

 

A pesar de no recibir apoyo alguno después de esa conversación y de pedir que cuidararan a mis primitas chiquitas de él, ese momento fue liberador y me enseñó con quien contar y con quién no; agradezco enormemente a mi hermanita que sostuvo mi mano en todo ese momento. Ahora, me siento más tranquila, porque sé que aunque no recibí apoyo de ese lado de mi familia, yo pude liberarme, pude hablarlo, pude decir ya basta! No soy culpable de lo que pasó! Mis papás tampoco! y soy fuerte porque no permitiré que eso siga destruyéndome más. Tomé decisiones, como las de no volver a esa casa, no hablar con esa familia jamás, no involucrarlos en nada mío y la verdad, ha sido lo mejor que he podido hacer, ya que tengo al lado a quienes me quieren, apoyan y valorar. Perdono pero no olvido, porque olvidar es pretender que no pasó, y no es perdón hacia él, es perdón hacia mí, porque fui víctima pero ya nunca más lo seré.

 

Nunca había contado mi historia de esta manera, pero quiero que con ella las mujeres nos unamos y sepamos que no estamos solas, que nos tenemos las unas a las otras y que somos fuertes, no hemos hecho nada malo. Y lo más importante que no temamos hablar ya que esto nos libera y ayuda a que no vuelva a ocurrir.

 

Anónimo.

Tenía por ahí unos 3 o 4 se que estaba muy pequeña, resulta que mi mamá tenía una vecina a la que íbamos a visitar, dicen que uno no puede recordar desde tan niño pero tengo la sensaciones marcadas ahora de recuerdos que claramente fueron suprimidos y hasta ahora decidieron volver. Esta señora tenía un hijo el sufría de síndrome de down, siempre que íbamos me ponían a jugar con él, odiaba tener que ir a casa, no se si nunca dije nada, tal vez no, estaba muy niña, pero si tengo el recuerdo muy marcado de llegar verlo y que él me mostrará sus peluches tenía muchísimos (odio los peluches debe ser por eso).

 

Recuerdo que mientras yo escogía y jugaba el empezaba a tocarme, a besarme el cuello, a darme besos en la espalda, en este momento no recuerdo más que a él y sus manos sobre mí y sus besos por todos lados, cuantas veces más habrá pasado, no sé, qué más habrá pasado tampoco recuerdo pero si tenía eso suprimido no quiero pensar o esculcar si hay algo más.

 

Cuando tenia unos 7 años recuerdo estar en mi salón y a un niño que me pedía que fuera su novia, me negaba constantemente, en el salón siempre nos ponían a “hacer aseo” cosas como organizar las sillas y eso, recuerdo que este niño me encerró en el salón me arrincono y empezó a tocarme y a besarme a la fuerza me asuste mucho y no se cono logre salir corriendo de ahí. Son cosas que un niño no tiene porque vivir, No estamos solas, estas cosas son cosas que pasan a diario, a cualquier edad lamentablemente pero la gente tiene que dejar de querer tapar el sol con un dedo.

 

Anónimo.

El bus que tomó de la universidad a mi casa me deja relativamente lejos. Más o menos a 10 minutos, lo tomo todos los días a la misma hora aproximadamente. Tengo 19 años y camino sola, lo que es un peligro en Medellín, en Colombia, en el mundo, si tienes una vagina. Una vez, estaba caminando desde donde me deja el bus hasta mi casa y eran aproximadamente las 6:50 pm, por lo que ya había anochecido y las calles estaban solas, sin embargo, el lugar en el que vivo – No soy de Medellin- se puede considerar un lugar “bien”, un lugar “seguro” por lo que realmente no me preocupaba, considerando incluso que no era tarde.

 

Estando en la puerta de mi casa, me paro un momento para sacar las llaves de mi mochila y siento de repente que alguien me aprieta el culo – me disculparan la palabra pero no sé de qué otra manera decirlo para evitar confusiones-, recuerdo haber gritado en ese momento con todas mis fuerzas y haber quedado pensando “Oh Dios mío, ¿qué pasó?” el tipo – que aun no sé quien es- inmediatamente salió a correr hacia otra calle mientras yo le gritaba “Oye”. Pensándolo ahora debí gritarle otra cosa. Entré a la casa deprisa y trate de calmarme mientras le contaba a mi mamá.

 

Ella me dijo que llamara a la policía y eso hice, me recomendó calmarme para que me tomaran en serio ya que obviamente el peligro era que el tipo volviera. Digo, sabe donde vivo, debió haberme seguido y sabe que soy débil – al menos físicamente- así que, ¿por qué no volver por más? El imbécil que me contestó de la línea de emergencia escuchó mi historia y me contestó con la mayor incredulidad del mundo que una patrulla vendría a tomar mi declaración, seguro pensando para sí mismo “De qué va esta loca, ¡¿ACOSO?! ¡¿EN COLOMBIA?! No, eso no pasa, qué va” o la típica “Ay solo fue una agarrada de nalga, seguro que hasta lo disfrutó, qué exagerada”.

 

La policía no vino, a nadie le importó – excepto a mi mamá que me pidió que me mudara-. Me gustaría aclarar: No, no me gustó, no fue chistoso, no estoy agradecida por ello. Ahora no puedo caminar tranquila hacia mi casa sin imaginar que alguien me observa desde cualquier lado porque lo único que pienso es “¿Será que volverá? ¿cuándo? ¿cómo? ¿vendrá acompañado?”. Podrán pensar que soy una exagerada, que no pasó nada, que hay cosas peores, pero saber que alguien me tocó sin mi permiso, sin mi consentimiento lo único que me hace sentir es cosificada. Soy una cosa para que los otros toquen a su gusto y esta sociedad contribuye pasiva y activamente a alimentar ese pensamiento, porque seguramente estarán esperando que denuncie haber sido violada o encontrarme muerta para hacer las respectivas investigaciones. Y ya pa’ qué si eso no me devuelve la seguridad, ni se me quita que fui violada, ya pa’ qué si estoy muerta. Definitivamente este es un mundo de hombres que no quieren a las mujeres.

 

P.D esto pasó el jueves de la semana pasada, hoy es martes 17 de octubre.

 

Anónimo.

Esta mañana como de costumbre, de camino al trabajo abrí el Twitter y de casualidad empecé a leer las historias de las demás mujeres, y pude verme identificada en algunas de esas líneas.

 

De repente volvieron a mi ciertos recuerdos de situaciones no muy agradables, y volví a pensar en ello por primera vez en mucho tiempo. Creo que aún no estoy preparada para entrar en detalles y contar abiertamente lo ocurrido, pero si puedo decir que he estado todo el día dándole vueltas al asunto, pensando hasta que punto fueron abuso, hasta que punto fui yo quien propicio esas situaciones, qué tanto me afectaron, por qué dejé que pasaran y preferí en ese momento hacerme la boba y seguir como si nada hubiera pasado.

 

Y es que a veces, aparte de justificar y sentirnos culpables, también solemos minimizar y normalizar las situaciones, pensar que quizás no fue para tanto, de pronto para no cargar con la rabia y con el peso de lo que implica sentirse abusada y porque en últimas duele admitir que esas situaciones que vemos a diario pero que parecen tan lejanas también hicieron parte de nuestra historia.

 

Hoy leyéndolas a todas, tengo el valor para reconocer por primera vez en mi vida que #yotambién, y que no es justo conmigo misma pretender que nada pasó.

 

Que sea esta la oportunidad para perdonarme a mi misma por haber callado y por haber pretendido suprimir de mi memoria y de mi vida lo sucedido; que sirva para cambiar los comportamientos y pensamientos machistas que la sociedad nos ha impuesto, que hemos interiorizado y que sin querer incluso reflejamos en lo cotidiano; y sobre todo que me sirva de ejemplo y de fortaleza para darle herramientas a mi hija de 10 años para enfrentarse a este mundo, obviamente deseando infinitamente que jamás le ocurra ni a ella ni a ninguna otra mujer.

 

Anónimo.

Hola! he decido contar algo que me pasó hace dos días, el sábado. Fui de fiesta con unos amigos muy lejos de mi casa, pero demasiado lejos, como a las 3am decidí irme para mi casa porque 1. estaba aburrida y  en la fiesta había muchos problemas 2. tenía que hacer diligencias temprano el domingo. Como estaba tan lejos me preocupaba cuanto me cobraría un taxi y pare uno a lo que me dijo 12.000, me pareció bastante barato para lo lejos que estaba. Ya dentro del taxi el man este me empezó a preguntar cómo me llamaba, las preguntas subían de tono, yo le inventaba mis datos, Me llamo “Paola” tengo un hijo (es mentira), algo como para que respetara y no hiciera esa clase preguntas cómo: No te hace falta algún amiguito especial?, siempre son buenas las aventuras… ¿Has hecho algo loco? ¿Te gusta la adrenalina? Yo no le daba bombo al man y me quedaba callada, estaba muy nerviosa… Cuando me pregunto ¿Cuales son tus fantasías? le respondí fuerte y claro NINGUNA y me dijo que todos tenemos fantasías y que la de el era hacerlo en un carro.

Para ese punto yo estaba demasiado asustada a las tres de la mañana, todo oscuro, pocos carros. Le cambie la conversación y le dije que cuánto era porque mi jefa me estaba esperando en ese punto y ella me pagaría (mentira) dijo: PUES SI QUIERES LLEGAMOS A UN ACUERDO… Que tipo de acuerdo? Cumples mi fantasia y te cobro menos o no te cobro, la adrenalina es buena y te va a gustar. QUE PUTAS!?!? En ese momento y no se porque voltee a mirar hacia mi lado derecho y vi que estaban pasando buses para donde yo iba, le dije por acá vive una amiga, me bajo acá ¿Cuánto es? A lo que respondió ¿Ay, en serio te vas? Son 13.600.

 

Agarre lo más rápido posible todo, le pague y me baje. No se si es paranoia, pero me asusto y estoy cansadísima de ese tipo de patanes, pero mucho, en el transporte público lo mismo pero mucho mas temprano tipo 7:00pm, ese día un man se paro detrás mío y empezó a decirme que era divina, que le encantaría salir conmigo, que le regalara mi numero y al final se rindió y dijo que era una antipática.

 

Anónimo.

Trabajaba con mi ex, al que pensé adorar infinitamente, mi primer amor, la tusa mas fuerte, nunca perdí la esperanza de volver con el, pues el destino siempre nos hacía encontrar, y así fue, yo trabajaba en aquel lugar, era la única mujer. Una tarde cuando quedábamos pocos, yo estaba en la zona de estar preparando mis cosas para irme, entró él yo me puse nerviosa pues el entró en  tónica de querer hablar, así fue, me invitó a una cerveza, en esas entró un amigo  de él (siempre me había echado los perros) se sentó a hablar con nosotros, en un momento se levantó a ponerle seguro a la puerta, yo me molesté y le pedí que lo quitará, en ese momento mi ex novio se acercó  más a mi y me dijo, que si accedería a un trío, yo siempre he sido la típica vieja fresca, la mente abierta, extrovertida la que los prejuicios atrevidos llamarían «la loca», me reí y dije que no, aún no tenía miedo, el de inmediato me besó, le correspondí el besó pero le dije que no, me paré, el me abrazó por detrás fuertemente ya en otra tónica me cogió de las muñecas y le dijo al amigo ¡Ahora sí hágale que ella lo mama rico!

 

Él saco su pene mientras mi ex novio me intentaba sentar, entre en pánico y empecé a hacer fuerza para soltarme, mi ex se reía y decía todo bien que va estar rico, déjese que usted siempre ha sido así, recuerdo sus palabras exactas, logre safarme pero él logró cogerme de nuevo, ya estaba llorando  su amigo se dio cuenta y se asustó mucho, le dijo a mi ex que me dejara quieta que era para problemas, el seguía en su tono de burla, y dijo, «ella se lo buscó por andar de zorra» me soltó, su amigo subió su cremallera abrieron y se fueron. Para todos accedí al trío, para todos en aquél lugar era una zorra, vaca muerta, ese par se encargaron de contar su versión a todos, me señalaron me juzgaron se rieron y además me echaron. Tiempo después uno de ellos el amigo me pidió perdón, no es suficiente, pues quedé marcada no sólo yo, si no la etiqueta de zorra para una parranda de machistas. 

 

Anónimo.

Hace aproximadamente dos años estaba sola en mi casa y estaba sentada haciendo un trabajo, cuando mi papá se acercó y empezó a tocarme los senos, (días antes lo notaba un poco extraño pero nunca sospeché nada) y a tocar varias partes de mi cuerpo y realmente no sabía qué hacer, me quedé completamente paralizada y sudaba frío. En ese momento tenía 16 años. Al día siguiente le conté a mis mejores amigas y sentí mucho apoyo, pero no el suficiente, corría peligro en mi propia casa y no tenía muchas opciones, no quería irme a vivir con ellas ni tampoco quería contar lo que él había hecho. Nunca conté nada y no había día que ese recuerdo me atormentara.

 

Pasaron casi 10 meses y solo las dos mismas amigas sabían pero nunca se tocó más el tema aunque sabía que podía contar con ellas. Cierta vez le estábamos celebrando el cumpleaños a otra amiga y llegué muy ebria a mi casa, no recuerdo haberme cambiado la ropa, pero recuerdo que soñaba que un hombre metía sus dedos en mi vagina y le pedía que no lo hiciera, momentos después me desperté y eso estaba pasando. Pasaron meses y mi autoestima iba cayendo increíblemente, lloraba todos los días, no quería contar porque me daba mucho miedo pensar qué podía pasar si decía que era él. Lloraba, todos los días buscaba ayuda pero no tenía como pagar un psicólogo y no me sentía capaz de contar y pedir ayuda. Pasó mucho tiempo y me atreví a contarle a la psicóloga de mi colegio, fue muy duro, porque no sabía por donde empezar y el estrés me consumía. Logré contarle a mis hermanos, me fui a vivir donde una familiar que me recibe muy bien y todo estuvo yendo súper bien tanto con la psicóloga, como el lugar donde estaba viviendo. (Esta persona vivía con su esposo) y una vez iba a bañarme para irme al colegio, cuando sentí que me miraba pero siempre que me sentía acosada intimidada pensaba que era alguna secuela de lo que me había ocurrido.

 

NO, esta persona aprovechaba cuando ella dormía para mirarme los senos, la cola y todo el tiempo hacía comentarios como: “las mujeres de este barrio salen mucho en pantalones cortiticos y blucitas pequeñas, luego las violan y uno es el culpable”. Desde ahí todo mal. Corté relación con mi papá y siempre que salgo a la calle estoy exageradamente prevenida de no ser acosada, no ver a mi papá y no estar sola en la casa en la que me encuentro. Entonces me enoja mucho porque apenas voy a cumplir 18 años y me han pasado mil cosas y aún hay gente diciendo “tú te lo buscas” claro… estando en MI PROPIA CASA.

 

Anónimo.

Hace aproximadamente unos diez años, iniciaba mi adorada década de los 20 y estaba entusiasmada trabajando para una importante organización internacional, vivía desde hacia poco fuera del área metropolitana, una de las razones precisamente, era porque una amiga había sido violentada sexualmente a bordo de un taxi en la ciudad de Medellín, me sentí culpable de no haber estado ese día de rumba con ella como solíamos hacerlo, y harta de la violencia de la ciudad, junto con mi familia, decidimos irnos al oriente cercano, aunque eso me obligara a viajar todos los días en transporte público por más de una hora; recuerdo que una tarde a finales del año 2009 viajaba hacia Medellín y a esa hora no era muy frecuente el tránsito de viajeros, después del peaje siempre abordaban algunas personas, entre ellas algunos venteros ambulantes.

 

-Recuerdo: el bus no llevaba muchas personas, mi cartera café favorita y también que mi mamá desde pequeña siempre me dijo “nunca te sientes del lado de la ventanilla”-

 

El señor que había vendido golosinas en el trayecto se sentó a mi lado; yo iba escuchando música en mi celular con los audífonos puestos y por un momento perdí la noción del tiempo y me elevé en mis pensamientos -creo que por esa época rondaba un bello amor en mi vida-, ya llegando a la ciudad de Medellín mi celular sonó, sacándome de aquel momento de introspección y obligándome abrir el bolso, pero no lo encontraba, y cuando alcé la cartera de mis piernas, el señor de al lado tenía su mano puesta sobre mi vientre y parte de la vagina, el tipo se levantó de un tiro y se bajo del bus, no alcancé a alterarme, ni a reclamarle, pero sobretodo y por mucho tiempo, no deje de culparme por no darme cuenta en qué momento puso su mano sobre mí… Ese día me di cuenta que ser mujer en esta ciudad tenía una alta carga de vulnerabilidad, que no importa cuantos títulos e independencia se pueda llevar, somos profundamente vulnerables, la sociedad ha hecho nuestro rol de mujer un objeto sexuado difícil de desestructurar, y todo el tiempo evidencio la misma historia, una y otra vez, de hecho hoy me atrevo a contar esto -que jamás le conté a nadie- porque hace un par de meses pase por otra situación algo similar, que me hizo sentir bastante más decepcionada de los hombres, sobretodo de aquellos en los que confiamos las risas, los chismes, los abrazos, la vida, nuestros amigos hombres.

 

Era una noche de reencuentro con amigos y amigas, algunos de los que me regaló ese oriente cercano, nos tomamos muchos tragos de licor, compartimos una deliciosa cena y reímos toda la noche entre juegos y chistes, el ambiente se prestaba para una gran rumba pero no paso de charlas y brindis de copas durante casi toda la noche, varios de los presentes nos quedábamos a dormir entonces no había mayor preocupación por el tiempo, o el transporte a altas horas de la noche.

 

Yo había invitado a Laura, una amiga que se conocía con la mayoría de ellos, gran parte de los presentes se fueron a dormir, nos quedamos Laura, un amigo y yo, que ya me quería ir a dormir pues el cansancio de la semana no daba más tregua, ella me había insistido –con caras- que no la dejara sola con este amigo, pues solía ponerse algo pesado con los tragos, y como soy amiga de los dos me senté a su lado y seguí riéndome de las tontadas que hablábamos, por un momento otro amigo nos echó una cobija encima para no morir de frío en el patio en el que estábamos, pero hasta ahí me llego la fiesta, pues el parcero que compartía el sofá con nosotras me metió mano y desabrochó mi pantalón, de inmediato me puse de pie y sin decir nada levanté la cobija y le dije a Lau que nos fuéramos a dormir al cuarto en el que estaban una amiga y su pareja, varios de los que rondaban todavía por allí –incluyendo a Lau- siguieron echando risas mientras íbamos al cuarto, yo esperaba que mi amigo se relajara, pues suponía que era sólo por los tragos, ya en la habitación Lau y yo nos acostamos en la otra cama disponible, y en la habitación subsiguiente había otras camas a donde yo esperaba se fuera este parcero a pasar su borrachera durmiendo, de hecho se lo insinué de muchas formas, porque evidentemente en la cama no estábamos cómodos los tres, Lau se hizo en el rincón y yo a la orilla, pero mi amigo que parecía estar caído del sueño se recostó a mi lado y cuando ya todos parecían estar durmiendo él nuevamente empezó a tocarme, frente a mi resistencia y a que le quitaba su mano de forma brusca él insistía, cuando le hablé y le dije que “qué le pasaba?!, que dejara de hacer eso”, medio reacciono y salió de la habitación.

 

Leerlo y escribirlo aquí parece fácil, pero vivirlo es otro asunto, yo no quería que nadie se despertara ante un escándalo o una situación incómoda, pues se trataba de mis amigos, con quienes se supone podía beber y relajarme con toda tranquilidad.

 

Él regresó al cuarto y esta vez no dejé que se recostara a mi lado, entonces se acomodó de forma horizontal a los pies de Lau, cuando creí que se había quedado dormido mi amiga empezó a quejarse, como cuando estás teniendo un mal sueño, y pues así fue, ya era a ella a quién estaba manoseando, eso lo supe al día siguiente cuando me lo contó, y yo de nuevo me sentí la peor mujer y amiga del mundo, pues si en “mi momento” hubiese reaccionado, tal vez no habría pasado lo mismo con Lau. Ella se sintió mal por muchos días y las dos recapitulábamos la situación una y otra vez buscando nuestro error, o una explicación, tal vez esperando que alguien presentara excusas. Pero no…

 

Sólo sientes culpa, culpa y más culpa… cuando le compartí esto a otro amigo que había estado esa noche allí y que calló profundo por los tragos, me dijo: “es que estabas muy bonita!”, y en ese momento comprendí que ningún hombre e incluso -y con todo lo absurdo que parece- unas cuantas mujeres, nunca van a comprender que es ser acosado, nunca van a respetarte sólo por ser mujer y poner en alto tono tu feminidad, voz y libertad, por más que lo intentes, pues estar bonitas se nos convirtió en un riesgo, en una amenaza; ahora bien, y la excusa reina, el juicio predilecto que resulta de este tipo de situaciones, “es que estaba muy borracho; fueron los tragos y cualquiera se desubica; eso siempre pasa cuando hay licor de por medio.” Y yo me pregunto, tratándose de hechos no consensuados: ¿y yo, que tomo seguido, disfruto de la buena fiesta, me gusta salir, bailar y ponerme bonita, por qué nunca, nunca en medio de tragos le he desabrochado el pantalón a un amigo o he ido a meterme a su cama?

 

No es mi intención exponer la vida de nadie más que mi propia experiencia, ya pasó y no me hace menos persona, pero lo cierto es que hoy no quiero compartir tragos con todo el mundo y no me siento tan cómoda con todos los amigos hombres. Los nombres que uso aquí son ficticios por respeto a la vida de amigos, parejas y familias; espero que esto les haga reaccionar sobre su proceder a muchos -aún y con tragos-, porque tal cual y como lo dice su post Lolas: “podríamos dar a la gente una idea sobre la magnitud del problema que vivimos a diario”; podríamos las mujeres dejar de juzgarNOs entre sí y empezar a cuidarnos entre nosotras; podríamos decirles a nuestros amigos hombres que necesitamos que dejen de verNOs como objetos sexuados y permitan que nosotras decidamos o acordemos con ellos si nos vamos a la cama, sin antes decepcionarNOs y forzarNOs a un asunto absolutamente ajeno a la confianza; pues ser bonitas, libres, independientes y solteras NO nos hace a la etiqueta DISPONIBLE.

 

Ana Carolina.

A la edad de 3 años, mi mamá murió, y dos años después mi papá se casa con nuestra niñera, mujer que durante 22 años ha sido mi madrastra. Claramente teníamos una nueva familia, unas personas que prometieron cuidarnos y amarnos de manera incondicional, pero eso solo estaba en mi cabeza, en mi ilusión de niña, aquellas cosas que los cuentos nos hacen soñar; no fue así.

 

 

Los papás de mi madrastra, tenían una finca en Anserma(Caldas), las vacaciones siempre fueron allá, era muy feliz de ver a todos mis primos, mis tíos, sentía a una familia, pero el primer contacto´llegó a la edad de 7 años, el papá de mi madrastra me llevó a recolectar aguacates, me cargó por qué supuestamente así los iba a alcanzar (cosa que claramente ahora sé es imposible) y sus dedos entraron en mí. huí, pero callé, era el papá de mi madrastra, a mi corta edad aprendí a callar, por que sabía que nadie iba a creer en mi palabra. me volví rebelde, me negaba a acercarme a él, me negaba a regresar a ese lugar y opté por pasar mis vacaciones en Medellín o en Pereira donde  las hermanas de mi papá.

 

 

Mi madrastra lo supo cuando tenía 9 años, encontró un diario, claramente lo leyó, pero como lo esperaba, se puso histérica, me dijo mentirosa, que mi cabeza lo había inventado, fue la primera vez que que callar fue una realidad, nunca supe si se lo contó a mi papá, pero él lo iba a saber por mí años más tarde. Pero por esas cosas de la vida, a la edad de 11 años, mi papá vivió una crisis económica , que nos obligó a irnos de Cali, e ir a vivir a ese lugar, con él y su esposa. Y fue cuando todo empeoró, esta vez el abuso se dio de otra manera, me regalaba chocolates, me llevaba al pueblo y me regalaba helados, me daba plata, yo era importante para él de maneras en las que nunca lo había sido para nadie. Nunca hubo acceso, nunca lo permití, siempre busque excusas, y fue cuando hacerme la loca se convirtió en mi mejor salida, pero siempre me he sentido culpable, siempre he cargado con la culpa, siempre he sentido que me vendí, que pude haber hecho algo, que pude haber dicho no, que no lo debí haber permitido, siempre he cargado con la culpa, tal vez pude haber sido más fuerte, no tenía por que recibirle lo que me regalaba, pero como en esa época, los golpes de pecho no funcionarán ahora.

 

 

A los 15 años me gradué del colegio, y el mismo día de mi graduación regresé a Cali, para esa época mi papá ya llevaba con su esposa y dos de mis hermanos (hijos de ella) en la construcción de un negocio que para esta fecha está posicionado de manera estable en la ciudad, yo quería dejar ese lugar, quería largarme de la presencia de Pedro(así se llama). A los 20 años me enamoré, conocí a un hombre maravilloso, y él me dio la fortaleza para volver, lo cual sucedió en una reunión familiar 1 año después, claramente Pedo aprovechó un momento en el cual estaba sola, y de nuevo se me insinuó, esta vez, tuve la valentía de decirle, que nunca más se le ocurriera acercarse a mí, por que el mierdero que iba a armar iba a ser monumental, eso bastó.

 

 

Lo malo es que años después, Pedro enfermó y mi papá expresó su preocupación, justo en una de tantas veces que llegué borracha a casa, en medio de una tusa terrible, producto de haber finalizado mi relación, y se me escapó decirle que ojalá se muriera ese señor, que no merecía otra cosa, y mi papá se escandalizó, y claramente yo estaba mal, yo no podía decir esas cosas etc, etc… Y se lo dije, a los gritos y llorando, simplemente lo ignoró y el tema nunca más se habló, Pero producto de esa discusión, mi hermanito, hijo de mi mamá y mi papá, con toda la tranquilidad me dijo: “Debes dejarlo atrás, debes superarlo, mírame, yo no he hecho de esto un gran escandallo, agradece que a ti sólo te tocó, a mi me fué peor” y entendí que no solo yo había vivido un infierno, él también, y no supe que hacer, y el silencio no fue más una opción, fue una realidad. Nunca más lo hemos hablado, nunca más se ha discutido el tema.

 

 

Ahora, tengo 28 años y como escribí al inicio de esta historia, no me hablo con mi papá, lo amo, pero creo que necesito que Pedro, mi madrastra, y mi papá se disculpen, lo cual no va a suceder, la pelea esta vez explotó por que no se que quiere demostrar mi papá pero hace un mes compró esa finca, y todo regresó, claramente la discusión fue por mi universidad, su falta de huevos para defendernos, en fin, un rifirrafe que terminó conmigo huyendo y enojados. Obviamente se no se habló lo que de verdad duele.

 

 

Así que escribo esta carta con la intención de hacer lo que nunca he hecho: hablar, probablemente es lo que necesito para empezar a valorar lo que soy, a construirme, la verdad no sé si todo este mierdero actual, viene de ahí, pero deseo encontrar un camino, el alcohol me va a destruir, y esta soledad ha sido tan difícil de manejar que algo dentro de mí está pidiendo ayuda.

 

 

Anónimo.

Comentarios (2)

  • M

    Fuí víctima del galán de la universidad. Lo interesante del tema es todo lo que el cerebro reprime para evitar sentirse terriblemente otra vez.
    Me volví novio del “mono” más lindo de la universidad, yo estaba en el cielo; yo era la envidia de todas mis compañeras de diseño.
    Y yo me sentía orgullosa de algo que había logrado con mi encanto supuestamente.
    Pues resulta, que entrados los meses y la confianza, este tipo, fundador de una fundación, empezó a maltratarme tremendamente psicológicamente. Su capacidad de convecimiento era tal, que cualquier valor o idea que consideraba muy positivas en mi, terminaban tergiversadas por sus palabras hirientes y groseras. Pero como para quien maltrata o abusa, nunca es suficiente, de alguna forma logró culparme de haber hecho algo en específico con mi ex novio (que nunca hice) y el creo que sigo pagando el precio de sus inventos. Todos los días quería tener sexo desenfrenado y doloroso, de esa manera él se aseguraba que “yo lo amaba a él y no a mi ex”, y yo, muy débil de mis ideas, accedía a sus peticiones. Estuve donde mi ginecóloga 2 veces a punta de antibióticos y mientras más le pedía que parara sus imposiciones, más le gustaba seguir.
    Cuando logré salir de ese hueco, porque decidí contarle a mi mejor amiga y dejarlo, el tipo me perseguía, me buscaba en clase, en mi casa, en todos los lugares que frecuentaba y cuando yo decidía correr o alejarme sin tratar de mediar, me agredía, me alcanzó a tirar al piso al frente de media universidad. La última vez me tiró contra una pared porque no accedí a hablar con él; me alcanzó a lastimar muy duro. Decidí que la persona para llamar era mi hermano. Cuando por fin me contestó y salió en búsqueda del famoso “mono”, el tipo se desapareció de la tierra. Hasta hace 2 años cuando empezó a llamarme nuevamente de diferentes números buscando que le contestara. Esta vez tuve un valor enorme y le dije hasta misa.
    Lo vi recientemente y se escondió del susto. Denunciar si vale la pena siempre, sólo hay que saber con quién hacerlo.

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  • Lila Serna

    Todas tenemos una historia, es una pequeña bestia que crece dentro muy dentro nuestro, en lo mas profundo de nuestro ser, nos carcome poco a poco y cuando nos damos cuenta estamos hechas un desastre.

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