Escribo esto a mis 30 años, cuando se suponía que tendría a mi lado al hombre de mi vida, al menos un niño, un perro y la carrera ideal. Todo esto era lo que yo me había imaginado, lo que había planeado de chiquita cuando me preguntaban cómo me imaginaba mi vida cuando fuera lo suficientemente grande para pagar una renta, tomarme una botella de vino yo sola o votar responsablemente.