Escrito por Alejandra Carreño

Cuando tenía 19 años me obsesioné con la que, en ese momento, era la novia de mi ex novio. Encontré la forma en la que podía stalkearla y me dediqué a observarla durante mucho tiempo. Yo aún lo amaba, pero él no me correspondía como yo quería.

Así que hice un estudio exhaustivo de quién era ella y por qué él estaba con ella y no conmigo. Empecé a hacer encuestas con mis amigas: ‘‘Pero mírala bien, ¿es más linda que yo o no?, ¿será que es más inteligente que yo?, ¿o más chistosa?’’

Las respuestas variaban, pero como buenas amigas que no querían fragmentar mi autoestima más de lo que ya estaba, me decían que yo era más que ella, a pesar de que no la conocíamos. 

Las cosas solo empeoraron cuando pensé que parecerme más a ella de alguna u otra forma iba a atraer la atención de él. Durante ese tiempo sentía que la odiaba, que ella era mejor que yo, más linda que yo, que él la quería más que a mí. Un montón de pensamientos innecesarios y dañinos que no hicieron más que lastimarme.

Me metí de cabeza en una competencia que me inventé. Porque ni mi ‘‘competidora’’ sabía que estábamos en una carrera. Pero a veces son necesarias esas experiencias; para no volver a repetirlas. Después de darme cuenta de que esa competencia no me iba a llevar a nada, decidí que nunca más iba a volver a compararme con la novia de algún ex novio o ex amor, porque yo era única al igual que la persona que estaba compartiendo un presente con esa persona que alguna vez quise y que eso, de ninguna forma me hacía ni más ni menos.

Me costó un buen tiempo entender que a veces esos actos de comparación, de hablar mal de una persona que no conocemos, solo por referencias que nos dan, de hacer encuestas que solo pueden herirnos o engañarnos, eran un mecanismo que estaba relacionado con el hecho de no dejar atrás lo que ya no era parte de la historia de mi vida. Que seguir pendiente de lo que hacía o no hacía esa persona, era el reflejo de que no había aceptado que la relación había acabado.

Nos cuesta ser personas libres y aceptar que el pasado debe estar en un lugar donde nuestro presente no se vea afectado. Sobre todo con situaciones que no se pueden cambiar. Mi ex pareja, en medio del curso natural de la vida, encontró una nueva compañera. ¿Dolió? Tal vez, ¿pero yo por qué querría estar con alguien que decidió deliberadamente que no quería estar conmigo?

Creo que nos merecemos mucho más que eso y a veces olvidamos que la relación terminó por algo y que estar mirando hacia atrás de reojo solo desgasta la energía que puede ser utilizada en conocer personas nuevas, en disfrutar de nuestras amistades, de vivir la vida que queremos vivir, de abrirnos conscientemente a un amor que nos corresponda de la mejor forma. Un amor decidido en el que los dos queramos construir algo.

Entendí que la comparación no cambia el resultado de las cosas y la competencia no tiene buenas consecuencias. No necesito competir con nadie para tener un amor completamente correspondido. Porque sé que lo que soy me prepara para lo que va a llegar y que mi ex pareja tenga una nueva pareja no borra la historia que viví con él o el amor que en su momento llegamos a sentir.

Hace poco en uno de esos post motivacionales que me llegan todo el tiempo, leí: ‘‘hay una paz en saber que nunca te perderás lo que está destinado para ti’’, y yo creo con fervor en eso, porque también confío en mí y en el universo.

Hace un par de años terminé con otro ex novio con el que juré que pasaría el resto de mis días. Pero tampoco fue así. En ese momento uno de mis miedos más grandes era que tuviera novia rápido, porque en mi cabeza eso significaba que no me quería o que me había superado rápido. Hasta que un día me contaron que él ya estaba en una relación seria. Llegué a sentirme insegura con mis amistades de que les cayera bien o la quisieran ‘‘más’’ que a mí, como si yo pudiera ser desplazada. Pero no me demoré mucho en entender que ni yo era un ‘‘reemplazo’’ de nadie, ni ella estaba ‘’reemplazándome’’.

Porque el espacio es tan grande para que dos personas puedan coexistir sin generar recelos que sobran. Porque tampoco me iba a comparar, porque era consciente que no había competencia alguna. Porque ambas somos únicas e irrepetibles. Porque que él hecho de que él se hubiera encontrado con ella en una sincronía del destino, no implicaba que yo no fuera a encontrar a mi persona cuando fuera el momento.

Que mi ex pareja tenga una nueva pareja no borra la historia que viví con él o el amor que en su momento llegamos a sentir.

Pero si alguien me hubiera dicho hace dos años que yo estaría hoy por hoy en la misma sala, riéndonos y jugando codo a codo charadas con la novia de mi ex novio, no me lo hubiera creído. Nosotras no somos amigas, ni nos contamos cosas de la otra, porque hay un límite que las dos conocemos. Pero hasta el día de hoy ninguna le ha hecho una mala cara a la otra. No he dicho un mal comentario sobre ella y algo me dice que ella tampoco lo ha hecho.

Y esto no fue de la noche a la mañana o no quiere decir que mi proceso con mi ex novio no tomó tiempo. Es inevitable que nos hagamos preguntas cuando hay una nueva pareja de alguien a quién solíamos querer, incluso que aparezcan cuestionamiento sobre nosotras mismas, pero se puede cambiar la perspectiva y llevar una vida más en paz, si dejamos de buscarle tantas respuestas a preguntas que sobran.

Lo que más me gusta, es que no existe claramente un ‘‘ser mejor que la otra’’ en medio de las dos o una intención de enemistarnos por un hombre. Él fue mi novio durante el tiempo que tuvo que serlo y ahora es novio de ella y eso está bien. No tenemos que ser enemigas por eso. Esta situación en especial me llevó a pensar que podemos tener más en común de lo que creemos con una ‘‘ella’’, después de todo, nos fijamos en la misma persona.

Es más, creo que veces miramos tanto hacia afuera, que se nos olvida que nosotras mismas hemos sido la nueva novia de alguien que tuvo historias con sus ex novias y que eso no nos hace las villanas del cuento. Hacemos el papel de dos protagonistas en dos historias diferentes, pero a veces solo nos enfocamos en aquella que nos puede afectar más.

Yo sé que todas las situaciones son distintas. Sé que tal vez que nuestra pareja avanzó más rápido que lo que esperábamos, o que esa persona con la que tuvimos alguna sensación extraña, terminó siendo la novia, o que incluso, nuestra ex pareja no nos fue leal con la que es su novia actual. Y también sé que son situaciones todo menos ideales. Sé que se juega con el ego y el corazón cuando las rupturas vienen desde una situación del dolor. Pero también sé que somos dueñas de nuestras acciones, deseos y palabras. Que no podemos controlar lo que pase con la otra parte, pero sí la forma en la que nosotras actuamos frente a eso que pasó.

Que aceptar que una historia se acabó, no quiere decir que no existan más historias de amor esperando por nosotras. Que señalar o recalcar que yo tengo algo que esa persona no tiene, o que esa persona tiene algo que yo no tengo, no me lleva a ningún lado. Y lo más importante: que desgastarme comparándome u odiando a otra persona, es energía que puedo utilizar para hacer más amigas que enemigas.

Todo llega a su tiempo y mientras tanto lo único que debemos hacer en el presente es disfrutar la vida, las buenas amistades, lo que nos llena el alma y sobre todo, en ser felices.