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Novena al bizcocho

Ilustración por Sarah Ochoa @Saraconache

Lolita, asegúrate una nochebuena esta navidad. Reza con nosotras esta novena loluda –la única, efectiva y original– si quieres amanecer cantando “Ven, ven, ven.. no tardes tanto, no tardes tanto”;  si estás deseando un árbol lleno de bolitas ricas, o si quieres gritar casi sin aire “¡HO, HO, HO!”

Oración para todos los días

“Benignísimo Bizcocho de infinita ricura que tanto amasteis a las Lolas; que les disteis en vuestro calzoncillo la mejor prenda de vuestro amor, para que tirado en el suelo junto a las entrañas de una no tan virgen, se hiciesen cochinaditas en un establo para nuestra salud y deleite. Yo, en nombre de todas las Lolas, os doy infinitos gemidos por tan soberano beneficio.


En retorno de él, os ofrezco mis cucos nuevos, depilación en el bikini y demás virtudes de esta Lola ganosa, suplicándote por sus divinos méritos; por los bizcochos impotentes que en la adolescencia soportó; y por las ácidas gotas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con inserción profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo romántico, para que el hombre recién venido tenga en ellos su cuna y aguante eternamente.

Amén.

(Se reza tres veces Gloria al Bizcocho) O se toca tres veces y le da gloria a su bizcocho.

Día 1

En el origen de los tiempos, el Verbo reposaba y era la causa de toda la creación. La palabrería de un bizcocho a quien dieron por nombre José, era maravillosa y, ¡misterio sublime!, María se la tragó. Tal vez anhelaba la redención y la salvación del género humano.

Por eso el Verbo eterno, ardiendo en deseos, resolvió hacerse piropo y convencerla del amor profundo.

Día 2

Cuando la sombra del divino José vino a deslizarse sobre María, esta casta e inocente virgen se encontraba sola y engolfada. Pasaron las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha y, mientras bailaban, el Verbo tomó posesión de su morada. No llegó inopinadamente: antes de presentarse envió un mensaje por whatsapp para pedir consentimiento y proceder con el desprendimiento de las telas. Aquel momento fue solemne: con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría el bizcocho a que María abriese los labios. Ella no era La Virgen Inmaculada, y todo ese Verbo por fin se había hecho carne.

Día 3

El miembro de José era divino; lleno de plenitud y gracia. Sus facultades, en demasía viriles, suplían las debilidades de María y les daban nueva energía. Su cuerpo era un mundo de maravillas, una obra maestra hecha a imagen y semejanza de Dios (¡Qué pintica era Dios, entonces!). La belleza sobrenatural de ese cuerpo era superior a cuanto se ha imaginado jamás; ríos de sangre furiosa que por sus venas empezaban a circular desde el momento de la encarnación.

No fue sorpresa encontrar a María dispuesta a recibirle con amor y provecho.

Día 4

Desde los senos hasta más abajito, se hizo su voluntad. María le amaba y aceptaba con resignación cada movimiento de su desfogado bizcocho.  Así entró el Divino Miembro en su humilde carrera; enseñándole a la ya ex virgen  lo que merecía su criatura; creando arrejuntados el origen de todos los pecados; haciéndole sentir toda la criminalidad y desórdenes del orgullo. En profundo abatimiento, eternamente consumidos y anonadados, decidieron renunciar a la estimulación de ellos mismos, habiendo conocido el goce compartido.

Día 5

María esperaba ansiosa el momento en que llegaría el goce supremo. Estaba a punto de ver aquella faz que debía iluminar el cielo. Estrechaba y movía su cuerpo con absoluta libertad; cubría de besos los labios; contemplaba a su gusto…¡Cuán ardientemente deseaba ese momento!

Día 6

El esperado y desconocido éxtasis habría de llegar de otra manera, según habían anunciado los profetas. Pero, apelando a una creatividad sin límite, José se sirvió de una estimulante arma para proveer de placer a su inexperta Lola.

Nada pudo eximirle de ese largo y delicioso viaje de su lengua a la estación más rigurosa y deleitosa del cuerpo. Este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarle los santos y las almas, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

Día 7

¡Ah, que llegue y aparezca ese bienaventurado momento, porque todo clama por este feliz acontecimiento! El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar, suspira. El anhelo, la expectativa, son cosa que no puede expresar el lenguaje humano. Apresuraba ella con su deseo el momento de la llegada.

Día 8

Los tantos días que habían pasado en fiestas y diversiones en una casa del barrio Belén, parecían lejanos, con fatiga y vejaciones. ¡Ay! El espíritu del deseo puede más que los prejuicios sociales… ¿No olvidamos a veces la posibilidad de conocer un bizcocho en una noche sin futuro y dejar que las cosas se den?

Los rayos monos de María están en las cimas de sus pechos. La bóveda de los cielos parece purpurina. José hace que María empiece a ver estrellas…

Día 9

El Divino Momento, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a loas irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera. El rojizo miembro que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pesebre lleno de paja y la íntima y prodigiosa unión que han de contraer.

A la medianoche, de repente siente María el alumbramiento esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con inefable anhelo. A sus pies se postra José en una adoración de la cual nada puede dar idea, y le rinde homenaje. La multitud de ángeles que desciende de los cielos a contemplar esa maravilla, deja estallar su alegría y hace vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis que es el eco de la adoración que se produce. ¡Ven a nuestras almas, venid lleno! Chorros de luz blanca. ¡Estalla el júbilo inmenso!

La delicia, fielmente practicada y celosamente propagada, la conduce a la vida eterna; libre del pecado y llena de placer.

Oración al Divino Protector

Acordaos, ¡oh dulcísimo Condón! que dijisteis a la venerable polla del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre sexualidad, agobiada y doliente: “Todo lo que quieras hacer, hazlo por los méritos de mi uso y nada te será negado”.

Llenos de confianza en Vos, ¡oh condón, que sois la misma verdad!, venimos a exponeros toda nuestra angustia. Ayudadnos a llevar una vida libre de embarazos y venéreas, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos, por los méritos infinitos de vuestra encarnación y vuestros sabores, la regla de la cual necesitamos tanto…

Nos entregamos a Vos, ¡oh, forrito omnipotente!, seguras de que no quedará encinta nuestra esperanza. Y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica,

 

Amén.

Ilustraciones por Daniela Tobón @Mariapepa

> Autora: La Lola Mojada

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