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No es solo cuestión de política internacional

Ilustración por Carla Recalde @CarlaRecalde

Muchas posturas ha suscitado la posesión de Trump en el puesto quizá más importante del mundo ante la opinión pública, la presidencia de los Estados Unidos. La situación pareciese tornarse convulsa ante las imágenes divulgadas por los medios de marchas, confrontaciones con la policía, entre otros escenarios. Lo que resulta complejo de este boom mediático es que no sólo los problemas de fondo los presenta Trump con su presidencia, el problema real es que éste no esté encauzado en la línea política de la élite dominante de Estados Unidos y del mundo, pero lo más grave aún es que los problemas sociales salgan a relucir sólo para intentar derribar un magnate, porque de resto los noticieros ignoran las manifestaciones que realiza de manera constante la sociedad, como si todo transcurriera en completa calma.

 


La marcha de las mujeres, es por ejemplo un suceso que da mucho que hablar, puesto que no sólo son los planteamientos misóginos de Trump, o las políticas que degradan nuestra condición de género haciendo más desiguales las condiciones de vida, sino que detrás de todo se encuentra un orden de cosas que constantemente nos niega la posibilidad de tener vidas libres y tranquilas.
Elementos de relevancia como la negación del derecho al aborto, las brechas salariales en aumento (según datos de la ONU en 2013 en Colombia era del 23,28%, en comparación del 17,61% registrado diez años antes)[1], los techos de cristal que manifiestan la imposibilidad de ascender social y laboralmente por los prototipos machistas de nuestra “incapacidad” de asumir cargos y responsabilidades mayores, así como otros más comunes y por lo mismo menos visibles como las obligaciones domésticas de exclusividad femeninas que se hacen manifiestas en la vida diaria y se han interiorizado socialmente hasta el punto de creerlas “naturales”, o el acoso callejero que se ha envestido durante años con el manto del halago a la feminidad, pero detrás de sí trae todo un entramado de conductas masculinas que hacen actuar a los hombres con el derecho (que nadie les ha otorgado) de opinar y acceder a nuestros cuerpos según sea su voluntad. Elementos como este último pueden catalogarse como los más sutiles pero a la vez más nocivos, que van desencadenando hechos que vulneran la vida de las mujeres, la dignidad y la paz. Cuántas veces en la calle escuchamos un “que linda”, y se siente bien ¿no?, pero que en menos de una cuadra suele tornarse en un “mami, ¿la acompaño?”, pero metros más adelante ya es un “yo le hago por donde sea” o “qué ricas tetas”… piropos que son completamente invasivos de nuestra intimidad, que incomodan, nos hacen sentir de menos y en sí hacen parte de lo que se conoce como acoso callejero y constituyen una parte más de todo lo que podemos identificar como parte del sistema de opresión que se ejerce en el mundo contra las mujeres.

 

La violencia cotidiana contra la mujer, no es sólo producto de las últimas elecciones norteamericanas, no es caso del pasado, mucho menos producto de nuestra imaginación o de algunas “locas, rebeldes, desadaptadas sociales” que en su afán por poner problema denuncian casos aislados. Es por el contrario una realidad que día a día toca la puerta de nuestras casas, empleos, centros educativos y hasta calles, haciéndonos sentir limitadas para estar libremente en los espacios que frecuentamos. Trump no es el único gobernante misógino, ni sus políticas son las únicas que nos desconocen y ponen a un nivel inferior que los hombres, en el mundo y en nuestro país, ¡sí!, nuestra amada Colombia, se reproducen políticas que nos niegan la posibilidad de ser libres, de ser nosotras, de ser MUJERES. Ha llegado la hora de seguir los pasos de nuestras hermanas americanas, pero siendo conscientes que no hay que esperar que aparezca un magnate de cabello naranjado para sacar la voz y gritarle al mundo que nos queremos libres y que somos las únicas dueñas de nuestros cuerpos y nuestras vidas. Desde hoy ¡vamos todas a las calles!


 

[1]    Recurso digital, disponible en: http://colombia.unwomen.org/es/onu-mujeres-en-colombia/las-mujeres-en-colombia

 

> Escrito por María Natalia Mazo

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