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Mentiras que creemos para estar con un cabrón

Ilustrado por: Ana Lucía Bañol

A veces no somos capaces de aceptar las cosas tal y como son, siempre buscamos saber el por qué cuando simplemente deberíamos dejar que todo fluya.

Me dejó de interesar si me contestaba o no un mensaje. Llegué a un punto donde me cansé de los cuentos.

 

Creo que todas las mujeres somos expertas en perder la dignidad por un amor barato de esos que de la misma manera que llegan, se van. No existe una explicación científica que justifique la atracción, o mejor dicho, la debilidad que sentimos ante un cabrón, pues aunque digamos que no, todas hemos muerto por uno.

 

Tenemos la habilidad de leer entre líneas, detectamos cada mentira disfrazada que nos llegan a decir con tal de comprarnos. Lo más irónico es que nos vendemos tan fácil que realmente duele aceptarlo: nos puede más la ilusión, con tal de no dejar ir a ese “algo nuevo” que nos llena por el momento. Y es aquí donde ahogamos nuestros ojos en un mar de lágrimas cuando las cosas no tienen el resultado que esperábamos.

 

No es que seamos tontas, simplemente buscamos justificar cada acción que va en contra de nuestra razón. Somos fanáticas de buscarle un lado positivo al más mínimo detalle, siempre y cuando veamos alguna posibilidad.

 

Ejemplo: el susodicho lleva más de veinte minutos en línea.

Tú: ¿por qué no me contesta?

Estúpido pensamiento justificador: Seguro está ocupado.

La razón ante todo: No te contesta porque no quiere.

 

Y ahora que lo estoy escribiendo, realmente parece una tontería preocuparnos por cosas así, pero en su momento no lo es. Aquí es cuando todos nuestros pensamientos chocan en la cabeza y nos dejan aturdidas de tanto ruido que hacen las emociones.

 

Creo que esto se da porque no somos capaces de aceptar las cosas tal y como son. Simplemente deberíamos dejar que todo fluya. Pero no, lo que realmente hacemos en ese momento es buscar frases para consolarnos animándonos a que todo estará bien, cuando ni sabemos qué pasará el día de mañana.

 

Y no estoy diciendo que nosotras seamos las culpables, ni ellos. Pero sí acepto que en varias ocasiones me he vendado los ojos por personas que simplemente no quieren estar en mi vida. No voy a aprovechar este momento para recriminarles la ilusión que me crearon -o que yo misma me creé- porque creo cada mujer debe conocer a un cabrón.

 

Y aunque suene trillado, así somos nosotras: tercas por naturaleza al grado de que podemos tropezar con la misma piedra no solo dos veces, si no las veces que estemos dispuestas a hacerlo hasta darnos cuenta que tenemos que poner un límite, porque hay un momento en el que entendemos que no vale la pena sufrir por el insomnio que nos ocasiona cada juego de palabras que sale de sus bocas provocando los millones de por qués en nuestra cabeza.

 

Y es así como nos resignamos poco a poco a que esa persona no llegará, pues realmente es demasiado tarde para que se demuestre lo contrario, porque aunque muchas lo nieguen, somos fieles creyentes del destino, sabemos que si algo debe suceder, simplemente sucederá sin prisas ni aceleraciones.

 

Debemos tener todo claro desde un principio. Me refiero específicamente a las intenciones, sean malas o buenas, pues de esta manera nos ahorramos perdernos en el camino intentando encontrar algo que nosotras mismas sabemos existe o que no funcionará.

 

Deja de exponer tu corazón al intentar demostrar que vales la pena porque el que sea digno de ti no hará que dudes nunca de lo que eres. Por eso, mujer, ten el valor de dejar ir a esas compañías tóxicas de tu vida: si alguien no mueve ni un dedo por ti, tu mueve cinco por él para decirle adiós.

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