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El amor no necesariamente nos limita

Lo di todo por el amor de mi vida

El amor no necesariamente nos limita
Darlo todo por amor también empodera

Ilustración por Ana Botero

Así como nos arriesgamos a crear empresas, también podemos darlo todo por amor.

Yo decidí hacer la apuesta máxima en póker por el amor de mi vida. Mi relación de año y medio a distancia se convirtió en matrimonio y mudanza a un nuevo país en un abrir y cerrar de ojos, pero esa historia es para otro día.

 

He pasado por tantas etapas en tan poco tiempo (34 días, pero quien lleva la cuenta), que hoy que “veo la luz” decidí compartir con ustedes cómo le aposté todo al amor de mi vida y casi perdí mis súper poderes de lola en el proceso.

 

Un día era una lola emprendedora, independiente que luchaba por sus ideas, que trabajaba hasta los fines de semana, y al otro, una esposa, ama de casa, que gastaba la mitad de sus días cocinando y limpiando. No me sentía ni un poquito lola.

 

Me dio duro. Palabras más palabras menos, fue así, un poco exagerado para algunas, pero real para mí. No sé muy bien por qué, ni cómo llegué a armarme semejante película en la cabeza, pero lo viví.

 

Aunque fue difícil decidir mudarme a Canadá, vivirlo sí que ha sido un reto total. Ahora vivo al lado del hombre que amo (lo cual me hace inmensamente feliz), lo dejé todo por él, mi familia, mis amigos, mis ideas, empresas, mi hogar… todo por empezar nuestra vida juntos.

 

Como mujer emprendedora, un poco solitaria, un poco feminista, y sobre todo muy centrada y terca, me había sentido capaz de todo, hace años pienso que mi vida va en el rumbo que yo la llevo y me siento supremamente orgullosa de mí por lograrlo.

 

Sin embargo, al verme en otro país, aprendiendo una nueva cultura, retomando un idioma y reinventando mis planes futuros para ser una esposa, me paralicé.

 

No sé cómo me permití por unos días sentirme inferior o sometida por hacer tareas del hogar mientras él trabajaba (lo hacía por que quería, no piensen que estaba obligada). Me sentía en una película de terror de los años 70, quedándome en casa todo el día esperando a mi marido con la cena lista perfectamente vestida y arreglada.

 

Sentí gran temor por perder mis días libres, ¿qué haría con esas ganas de comerme el mundo con mis ideas? No entendía cómo podría cocinar y barrer en Canadá mientras buscaba nuevos proveedores y trabajaba en empresas en Colombia.

 

Como empresarias sentimos vulnerabilidad por ser mujeres, por amar, por ser madres, esposas, no existe la opción de detener nuestras metas profesionales, nos creamos una responsabilidad enorme por triunfar en todo.

 

Para mí, ser parte de la comunidad de lolas me ha llevado a soñar mucho más grande, siento compromiso, ganas de triunfar y ser un gran ejemplo para todas ustedes.

 

Aunque no lo crean, me costó mucho escribir algo tan personal, no suelo contar fácilmente mis vivencias más allá del mundo del emprendimiento, pero estoy segura que más lolas vivirán esta situación, y necesito que entiendan que no es el fin del mundo, y con nuestros súper poderes nos podemos acomodar a las nuevas etapas de la vida sin dejar de lado nuestros sueños.

 

Con lágrimas entendí que todos estos temores solo estaban en mi cabeza, tal vez por películas, tal vez por lo que han vivido conocidas, no lo sé. Nada es real, yo me estaba encasillando y limitando.

 

Yo con mi típico afán de ser perfecta en todo, sentí que debía dejar de emprender para atender nuestro nuevo hogar, como si no fuera capaz de hacer al tiempo las dos cosas y mucho más.

 

Lo uno no me quita lo otro, y yo seré emprendedora y estoy segura que lucharé por mis sueños en cualquier país del mundo, ahora como esposa. Además de todo, ahora más que nunca, me siento acompañada del mejor socio que puedo tener.

 

Aprendí que no debemos sentir vergüenza por amar, y mucho menos por cambiar todo por amor, que no tengo que dejar de perseguir mis metas por estar casada.

 

Me faltó un poquito más de auto confianza, más paciencia y aceptación en los tiempos de cambio. Somos fuertes y perseverantes, pero eso no nos puede hacer olvidar que aún hay mucho por aprender y por vivir, las lolas también tenemos derecho a tener un leve ataque de pánico y sobretodo a amar All-in sin ser juzgadas.

 

Así como nos arriesgamos a crear empresas, también podemos darlo todo por amor, dejemos de darnos tan duro y permitámonos vivir como queremos.

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