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Las Lolas de Cristiano Ronaldo

Ilustración por Daniela Tobón @mariapepa10

Suena la alarma. Son las ocho en punto de la mañana, aunque la ansiedad lo tiene despierto desde las seis. Ya no aguanta más: es hora de comenzar la sagrada e inmodificable rutina diaria.

 

Se levanta, y entonces no hay sueño que valga la pena para tanta maravilla que ven sus ojos. Las mira. Las mide. Las toca. Las soba. Las pesa. Vuelve y las mira… ¡éxtasis total!

 


Todos los días, frente al espejo, el crack del Real Madrid estudia y admira sus tetas. Con la seriedad que le exige esta tarea, prepara su equipo desde la noche anterior: una pesa especial, dos espejos angulares, un metro en semicírculo y el neceser con las cremas recetadas para sus dos mejores amigas.

 

Espejito, espejito… ¿Quién tiene las tetas más perfectas de todo el globo terráqueo? La respuesta no es alentadora: hoy la izquierda está un 9% más hinchada que la derecha… ¡Cero pánico! Nada que una exfoliación no pueda solucionar.

 

En la ducha, Cristiano Ronaldo consiente a sus dos amores frotándolas con algodón humedecido en una aromática agua de rosas. Para finalizar el ritual mañanero, les aplica aceite de almendras y una crema regia con extracto de bacalao y aloe, traída de Portugal, para humectar y evitar esas espantosas estrías que más de una vez le han provocado pesadillas. A excepción de la hinchazón del día -¿será efecto del calentamiento global?-, el famoso, famosísimo CR7, parece contemplar satisfecho la perfección de sus pectorales.

 

Si eres mujer, has fantaseado más de una vez con lamerlas o, aunque sea, darles un piquito. Si eres hombre, la envidia te carcome por tenerlas como él.

Para el lector que no las conozca (es válido ser enemigo del futbol, de la publicidad y hasta de los dioses griegos) lo invitamos a buscar una imagen de este suculento portugués en Google; a imaginar un ratico que lo tiene al lado sin camisa… A dejarse llevar por los deseos poco virtuosos, pero deliciosos que produce.

 

Mientras usted disfruta de esta fantasía (porque sí, aceptémoslo: con él nunca pasaremos de una simple y excitante fantasía), nuestro querido protagonista continúa gozando de su envidiable realidad. Antes de vestirse, les echa una última miradita a la joya de su corona: envueltos en una esfera de tendones trabajados, y custodiados por paquetes de músculos preparados para derretir, aparecen como dos ojitos inocentes los pezones de don Cristiano Ronaldo. Perfectamente redondos, en tono café tostado, ¡una exquisitez!

 

Sin abandonar el espejo, escoge la camiseta para el partido. Examina cuál se las marca mejor; cuál combina con su sonrisa de postal y, por supuesto, con el lunar tipo Marilyn Monroe que le adorna el rostro.

 

Clave para el calentamiento: llegar de primero al gym, para ponerlas a bailar media horita: arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo. Un descansito por cada diez minutos de ejercicio para revisar que sigan firmes y abullonadas. Miradita y tocadita de cinco minutos y… una inevitable sonrisa de satisfacción.

 

Clave para el partido: revisar bien la patada, que se active el músculo correcto, que salga bien en cámara. ‘Pero, ¿y las tetas?’, se preguntarán. Sencillito: ¡entre más sudor, más sabor! Que aplaudan un gol, pero que adoren lo que hay debajo de la camiseta.

 

Dato para el lector curioso:

Al dueño de las tetas perfectas le es difícil tener buenas relaciones con las mujeres. Con Irina no tuvo paz, perseguido por la sofocante e insoportable idea de que los pechos de su novia eran más lindos que los de él. Qué fuerte, ¿no?

 

Pero sigamos. Después de un arduo entrenamiento, Cristiano mira a sus retoños bajo la luz de la tarde que golpea diagonal, pronunciando sus curvas. Observa a sus compañeros pasar en pantaloneta y se horroriza de algunas tetas arrugadas, deshidratadas y flácidas.

 

Ha escuchado el mito de que hay hombres a quienes el tema no les importa. ¡Cómo puede ser posible eso! ¿Qué hacen entonces durante las tardes libres? ¿De qué presumen ante sus amigos? ¿Qué fotos montan en sus redes sociales? No quiere ni imaginarlo. Aún consternado por el tema, se va a su apartamento pensando en la leve inflamación de su teta izquierda. Tal vez sea buena idea llamar al médico.

Como si no fuera suficiente, su manager le advierte que nadie está hablando bien de los últimos partidos. Eso sí: salió contrato para modelar calzoncillos de Armani y la foto en el yate ya tiene 32000 likes en Instagram. ¡Se salvó el día!

 

Antes de irse a dormir -boca arriba para que no se le deformen sus niñas- piensa en la felicidad que lo invade. Es el ídolo, el símbolo, el Ken del siglo XXI. Tiene pelotas adelante y atrás: las únicas que importan. Todo en él es para derretirse: sus tetas, sus novias, su plata y su fama.

 

El único deseo de este pobre y humilde mortal, es que mañana su tetilla izquierda retorne al estado natural. Por demás, tendrá que levantarse y pensar en lo de siempre: bolas blancas y negras, fútbol, fotos y autógrafos. Asuntos banales que poco tienen que ver con los dos hermosos y simétricos amores de su vida…

> Autora: Lola

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