ILUSTRACIÓN POR SUSANA RAMÍREZ @SUSANARAMIREZVELEZ

Escrito por Lola Mojada

No es un secreto para nadie que lo prohibido es lo más rico. Pero si hablamos de cosas íntimas, tendríamos que decir algo que tal vez no reconoceríamos abiertamente en público: es innegable que existe una delicia particular en uno saber que está haciendo lo que no debe. Sentirnos malas nos da poder. Y hasta autoestima.

Y es que emborracharse, fumar, drogarse, volarse de la casa, llevarle ganas al novio de una amiga, es un placer. Nada mejor que amanecer con la sensación de que si hubieras obedecido, estarías acostada desde las 9; pero en cambio te atreviste a vivir y ahora tienes una nueva aventura que contar y el whatsapp del bizcocho lindo del bar.

Doble dicha. Porque además de la sensación que genera en sí el acto, hay una delicia escondida en la rebeldía. En incumplir, quebrar el modelo, salirse de lo que se espera de uno. En ser necia, mala, puta.

No nos juzguemos. Todas lo hemos vivido. Tenemos la necesidad de guiarnos a veces, no por lo que es moralmente correcto, sino por lo que nos va provocando. Y cuando apagamos la consciencia loluda que nos pone la sociedad, empezamos a pasar mejor que nunca.

Póngamonos en la situación. Después del pecado, la gente nos mira con tristeza, desilusión, rabia. Pero a la vez nos ganamos cierto respeto y los que no creían que nosotras pudiera hacer algo así, se quedan callados.

Es rico sentir la adrenalina corriendo por el cuerpo, la emoción de ser capaz de rebelarse contra el mundo, el orgullo de parecer “sucia”. Es innegable lo bueno que hay en las pequeñas maldades; porque es que hasta asesinar mentalmente a algún lerdo da un descanso emocional, porque el cuerpo se llena de cosquillitas cuando sabes que hay riesgo de que te pillen la prenda que tenés, y porque el sexo sabe más rico cuando en cualquier momento pueden abrir la puerta.

Y si no me cree, adelante. La próxima vez que quiera amanecer en la casa de su novio sin permiso, quédese. Cuando tenga oportunidad de grillar, hágalo. No vuelva a dudar si la falda estará muy cortica. Lolita, tampoco abuse. Guárdelo como un gozo ocasional. Y cuando lo haga, saboréelo. Cierre los ojos y examine cómo se siente. Disfrútelo a fondo. Y entonces vuelva  a leer este artículo. Estoy segura que me va a dar la razón.