Escrito por Daniela*

Hace mucho tiempo he querido contar esta historia. Tal vez sea la misma que haya vivido una mujer cercana a ti… tu amiga, la amiga de tu mamá, tu prima, o tal vez tú. 

Mi nombre es Daniela* y tengo 31 años. Soy ingeniera y tuve a mi hijo Tomás* a los 20. La historia que les voy a contar es la de mi amiga, Sara*. Nos conocemos desde la Universidad. Estudiamos la misma carrera, tenemos los mismos gustos… somos muy parecidas. Desde que nos saludamos sentimos muchísima complicidad. Somos ingenieras ambientales y soñamos ser socias algún día, liderando proyectos que tengan un impacto positivo en la sociedad.

Hace unos meses, Sara me llamó y en la voz la noté ansiosa, como si le hubiera pasado algo. Me contó que estaba embarazada. Se había enterado un par de semanas atrás porque se había empezado a sentir “rara”. No quería comer, no quería verse con nadie ni salir. Solo quería dormir y estar encerrada. Se mantuvo distante y callada las siguientes semanas. No sabía qué hacer ni a quién acudir. Necesitaba orientación, claro, pero tenía mucho miedo de buscarla porque no quería ser juzgada. Así que finalmente, después de varias semanas, decidió llamarme. 

La acompañé donde una psicóloga y en efecto, Sara fue diagnosticada con un cuadro de depresión profunda. El embarazo no deseado la estaba afectando a tal punto que su salud mental y psicológica estaba completamente descontrolada. La psicóloga le habló de las diferentes opciones que tenía. Le contó que en Colombia, cuando la salud mental de una mujer se ve afectada por un embarazo, ella está en todo su derecho de acceder a un aborto legal y seguro si así lo decide. Considerando sus opciones y entendiendo a qué punto su salud estaba en juego, Sara decidió interrumpir el embarazo.

Ambas decisiones merecen el mismo respeto.

Después de haber experimentado la maternidad y de recordar todo el apoyo y el amor que recibí cuando estuve embarazada, me pareció muy injusto pensar en la discriminación y rechazo moral que sufren las mujeres que toman esta decisión. Por eso comparto esta historia, porque entendí todo el apoyo y empatía que necesitan las mujeres que están atravesando por una situación como la de mi amiga. Y no quisiera que ninguna mujer la padezca en soledad por miedo a ser juzgada. Es muy importante:

Escuchar
Todos tenemos una historia por contar. Es muy fácil para alguien externo juzgar una situación sin conocerla a fondo. Cuando escuchamos, empatizamos.

Al principio, Sara no quería contarme lo que le estaba pasando porque pensaba que, al ser yo madre, no entendería su situación. Recuerdo que después de la llamada nos vimos. No hablé. Solo escuchaba y notaba cómo, mientras me contaba todo, su ansiedad y miedo iban calmándose. Supe que lo que le pasaba a Sara iba más allá de las hormonas. Algo estaba afectando profundamente su salud. Ahí fue cuando le sugerí que fuera donde un psicólogo y la acompañé.

Acompañar
Mi amiga pasó por un momento de confusión: no tienía claro qué hacer, a dónde ir ni con quién hablar. Puede que muchas de las mujeres que pasan por esta situación no sepan ni siquiera qué tienen alternativas. Es importante acompañar y dar toda la confianza para orientar y así ayudar a encontrar fuentes fiables de información. 

Apoyar
Respaldar a una mujer que decide tener un aborto, por encima de nuestros prejuicios, es tal vez la mayor prueba de amor que le podemos dar.

Cuando Sara me contó sobre su decisión, inmediatamente recordé lo importante que fue el apoyo de mi familia, amigos e inclusive de ella cuando estuve embarazada. Pensé en lo injusto que es estigmatizar y abandonar a las mujeres que deciden interrumpir sus embarazos. Le dije que por encima de todo la respetaba y apoyaba. 

Yo elegí ser madre, Sara eligió no continuar con su embarazo no deseado que le estaba afectando su salud mental. Ambas decisiones merecen el mismo respeto. Lo que más necesita una mujer que decide interrumpir su embarazo es ser escuchada, acompañada y apoyada. 

Es hora de que hablemos del aborto sin tapujos.
* Hemos cambiado los nombres de las personas para proteger su identidad.

 

Lola, es importante que sepas que…
En Colombia, el aborto seguro y legal es nuestro derecho. La sentencia C-355 de 2006 de la Corte Constitucional considera que la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es nuestro derecho fundamental cuando:

    • Existe peligro para la salud física o mental de la mujer, incluyendo enfermedades como la depresión o la ansiedad.
    • El feto tiene una malformación grave incompatible con la vida de la mujer.
    • Es producto de una violación, inseminación artificial no consentida o incesto.

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