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Guía para volar sin alas

Ilustración por Sofía Bernal www.facebook.com/sofiabernalilustracion

Nacimos sin alas pero con el poder de poner a volar la imaginación. Nos empeliculamos con todo: las amigas, los bizcochos, las miradas, los sueños, los suspiros y la música. Convertimos un día común y corriente en la Odisea de Ulises y nos ponemos el apellido Colucci como si la vida fuera la segunda temporada de RBD. Respiramos drama, adoramos la feminidad  y, aunque no tengamos capa, terminamos siendo las superheroínas de nuestro propio cuento. ¡Somos mágicas y lo sabemos!

 

Así que no tenemos alas, pero a cambio tenemos nuestras lolas capaces de encaprichar a cualquiera, un cuerpo que de todas las formas, figuras y colores nos hace sentir mujeres y amar nuestro género, un talento y una pasión que nos permite conquistar el mundo y lograrlo todo. Es por esto que en esta edición, las Lolas les ofrecemos una guía de experiencias que nos inviten a atrevernos a tener miedo, a soltarlo, a gritarlo, a dejarlo ir para sentirnos fuertes y, sobre todo, muy libres.

 

No le demos espacio a lo que no fue y pudo ser, volemos sin alas ni limitaciones, lancémonos sin arnés ni miedo a caer. ¡No nos permitamos que cuando nuestras lolas estén caídas y arrugadas nos arrepintamos de no haber sentido un buen vacío en el estómago y la incertidumbre de lanzarse, caer y volar! El tiempo es ahora.


 

 

Danza aérea, el baile de la libertad:

 

Aquí habitan unas mujeres libres, sonrientes y valientes que se suspenden a 11 metros de altura en unas telas multicolores entre los límites de la realidad hasta convertirlas en una extensión de su cuerpo, demostrando que con la danza, la creatividad, la seducción y la delicadeza el miedo se puede soltar al son de la música.

 

Esta experiencia es perfecta para todas las Lolas a las que les gusta reír, hablar con el cuerpo, superar retos y, de paso, tener unas ricas chocolatinitas en el abdomen. Fortalecer el cuerpo es una metáfora para fortalecer el carácter y el alma, lolitas. Bailar en el aire es una manera de construir unas alas propias para volar en la vida.

 

 

Bungee Jumping: climax a 70 metros de altura

 

Lolitas extremas, santurronas, locas y conservadoras, ¡atención, que esto es para ustedes!

 

Todo comenzó con el corazón agitado, las manos sudorosas y la emoción misma que se siente antes de la primera vez. El salto al vacío vino después de una respiración profunda y liberadora. “Tres… Dos… Uuuuuuunooooooooooooooooo”. Mi grito loludo aturdió a todas las montañas. Mientras dejé de sentir mis manos y mis pies, mi cuerpo se desprendía y veía pasar mi vida en cuestión de microsegundos. En ese punto, ya no había vuelta atrás, Lolitas. Solo quedaba disfrutar de la caída y gemir de tanto miedo, o de tanto placer.

 

La cuerda se acabó y terminé rebotando cual misionero invertido. Jadear fue obligatorio, porque ¡esto sí que es un orgasmo de altura! No sé cómo es que el corazón no se sale con tremenda emoción. Definitivamente, tirarse de bungee jumping es un motor de sensaciones extremas, reconección con la vida ¡y mucha, mucha adrenalina! Como todo riesgo que se toma, terminó valiendo la pena.

 

Eso sí, Lolas. Háganlo en un lugar donde estén rodeadas por un equipo profesional, que nuestras vidas son espectacularmente dramáticas y se merecen que las vivamos hasta que nos invadan las canas y nuestros pezones toquen el piso.

 

 

> Escrito por Lola Voladora

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