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Escritora recomendada: Alejandra Pizarnik

Ilustración por: Medusa

Alejandra rojas

Queridas lolas en este texto no escribo para recomendarles un libro o una compilación pues sería egoísta, excluyente y hasta para mí como apasionada por la literatura, ofensivo. Hoy quiero recomendar a ustedes a una poetisa del sur del continente que a pesar de su corto paso por el mundo terrenal, nos dejó en sus letras mensajes imborrables que todos debemos conocer. Sean ustedes invitadas a leer la poesía de Flora Alejandra Pizarnik.

Esta escritora argentina nació en Avellaneda y murió en Buenos Aires, fue además traductora y obtuvo varias distinciones por su poesía, además perteneció a un selectivo y cerrado círculo de escritores suramericanos. Esta mujer fue entrañable amiga de su coterráneo Julio Cortázar, ambos se profesaron el amor más bello que pudieran tener dos amigos, se conocieron en París y cuentan las malas lenguas que tal vez en ella se inspiró el autor de Rayuela para crear a su más importante personaje: La Maga, aunque esto nunca se haya confirmado. Pizarnik, amante de los poetas malditos, decidió como muchos de ellos acabar con su propia vida a los 36 años dejando un legado inmenso para la poesía latinoamericana.

Dejando de lado los datos biográficos que ya nos dan motivos para leer a esta maravillosa Lola, necesitamos reflexionar acerca de los diferentes sentidos que puede tener la poesía en la vida de un escritor; para esta desventurada y decepcionada de la vida, pareciera que la poesía le concediera permiso para permanecer en el mundo, únicamente con el fin de escribir, respirar y exhalar versos.

Pizarnik, la que no pensaba en escribir como trabajo sino como destino, estaba envuelta en un vestido de cristal: frágil, de pie en una cúspide desde la cual sólo miraba al horizonte para contemplarlo. Tal vez por eso decidió lanzarse al vacío de la muerte, que para ella no era tan oscuro y tenebroso, podía serlo más la propia vida.

Esta lola nos permite sentirla cerca, cuando en nuestras cabezas escuchamos su voz poética susurrando desde La enamorada:

 

Ante la lúgubre manía de vivir,

esta recóndita humorada de vivir,

te arrastra Alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo

y te fuiste triste estabas sola

y la luz rugía el aire cantaba

pero tu amado no volvió…

Y qué profundidad encontramos en sus palabras, cómo nos muestra de forma desgarradora sus sentimientos:

La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.

 

¿Qué haré conmigo?

 

Porque a Ti te debo lo que soy

 

Pero no tengo mañana

 

Porque a Ti te…

La noche sufre. (Cenizas)

Alejandra decidió terminar con su vida en 1972 a causa de una profunda depresión, esa misma que reflejaba en sus ojos, apagados pero poéticos siempre, esta gran intelectual. Esta gigante poetisa produce en el lector los más intensos sentimientos en las almas de vacío, soledad, tristeza y nostalgia.

Quién dice que vivir por y para la noche es imposible se encuentra equivocado, esta encantadora lola lo hacía. Ella no pertenecía a la noche, la noche le pertenecía a ella, la inspiraba y al mismo tiempo le producía frío, miedo, insomnio y letras, muchísimas letras. Como les dije antes son muchas las compilaciones y sería egoísta solo recomendarles una, por lo cual por favor, ¡corran y busquen la que más les guste y compártanla!

Sus lúgubres versos, son como besos helados de un distante viajero, son como fuego que quema las entrañas. Alejandra escribe de su desilusión, de sus ganas de huir, de la decepción qué es para ella el mundo, de su interminable sufrimiento, de lo estúpido de las banalidades. Escribe serenamente aunque uno como lector puede sentir su desesperación, que cruel fue el mundo con tan maravilloso ser, que permanece en la literatura y seguirá siendo una de las mejores escritoras latinoamericanas de la historia para siempre.

Irónicamente, sucede que con los escritores extraordinarios, que la muerte lo único que no puede quitarles es la inmortalidad.

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