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Romantizar amores difíciles

Dejemos de romantizar amores difíciles

Romantizar amores difíciles
Romantizar sapos

Ilustración por Melisa Amaya

Le puse el traje de príncipe a un sapo o mejor, traté como George Clooney a un tipo cualquiera.

Hace poco salí de una relación. Terminé igual de cansada que si hubiera corrido una maratón. Hasta me enfermé.

 

Le puse el traje de príncipe a un sapo o mejor, traté como George Clooney a un tipo cualquiera. Y no está mal tener nuestras propias ideas de tipo ideal que puede ser todo lo menos parecido a un príncipe, pero seguramente a todas nos ha pasado que idealizamos y vemos como todo un encantador al más timador.

 

El mío se disfrazaba de un librero frustrado, que escribía y leía libros feministas, era buena gente y veces hacía reír a los demás. Parecía mi chico ideal. No fue ni el mejor polvo, ni es el man más pinta o extraordinario. Es divertido pero seguramente si lo hubiera conocido en otras circunstancias ni me hubiera fijado en él.

 

Con él todas las canciones de amor tenían sentido. Sin embargo un día se levantó y la pila se le acabó. Parecía otra persona. Era agresivo, arrogante, egoísta y machista. Me trataba como cualquier amigo o cualquier vieja que se hubiera levantado en un bar una noche de sexo casual como si no fuera suficiente para él. Y cada vez que le preguntaba por qué había cambiado, siempre me decía que él era así, que eran puros cuentos míos, que más bien no le diera lora.

 

Sus regalos eran mentas -literal-, y cuando le preguntaba que porqué me daba cosas así me decía que si era que esperaba flores. Y ahí no paró y yo tampoco puse límites. Nuestras noches en la cama se la pasaba chateando con una amiga, que a la final no era nunca cuestión de celos sino de respeto. También a veces me hablaba con nostalgia de su ex de España, y normalizaba coquetear con otras personas cuando estaba conmigo.

 

¿Por qué no te fuiste? se preguntarán. La codependencia que a veces creamos a lo que creemos que es amor, a las relaciones que nos causan mal o el solo hecho de colgarnos de los fantasmas de lo que ya no fue, o los que ya no son, además de darle el poder a alguien de nuestra felicidad es lo que nos jode.

 

Y bueno, le pueden sumar a eso las cosas que a veces nos atan con los otros que hacen que no nos vayamos de ahí y eso solo hace que pase más el tiempo y a veces sea demasiado tarde. Yo me fui de ahí, había creído que a tiempo. Me enteré que su ex, había jugado con él y hasta se burlaba de él, le había roto el corazón como nadie y él con ella sí había sido increíble, pero conmigo no lo fue.

 

El tipo quería desentusarse conmigo pero seguía pensando en la otra y ya saben, hay gente que en la tusa se desquita con otros o rompe corazones.

 

A mi me dolía lidiar con la idea de que con alguien más si le había cuajado. Ahí bajé cinco kilos y como tenía que verlo casi todo el tiempo me tocó ir a terapia para poder lidiar con la ansiedad y el dolor. Pero como la vida es una ruleta rusa llena de malas decisiones, en una de las tantas borracheras de la tusa, volvimos. La peor decisión de mi vida. Pero yo estaba enamorada y además con el corazón aún roto y tenía miedo.

 

Sin embargo, le di la oportunidad y fue increíble, inclusive mejor que antes. Me había prometido cielo y tierra y yo le creí. Y eso, por supuesto, duró poco. Duró lo que dura el impulso de un drogadicto en dejar la droga. Y así fue, de la nada otra vez volvió a ser manipulador, agresivo, desinteresado, y yo estaba ahí, otra vez, dándole todo de mi para desestabilizarme y volverme mierda aunque siempre me decía que esta vez había sido mejor persona. Su propio autoconvencimiento para sentirse bien consigo mismo.

 

Hasta que un día me hospitalizaron. Me enfermé porque había somatizado el estrés, el dolor, la ansiedad y ahí decidí terminar con él y cuando traté de llevar las cosas por la buena por recomendaciones médicas, solo lo hizo más difícil Y todo se había juntado. Él además estaba pasando por una crisis de depresión de la que nunca pude sacarlo. No por ganas o falta de voluntad, sino que así como nuestra relación, él era una espiral que acababa con todo a su paso y no quería salir de ahí. Yo ahí había llegado demasiado lejos conmigo misma.

 

Y como toda ruptura empecé a enterarme de otras cosas. Hubo cachos, se reía de mi ansiedad con sus amigos, se levantaba viejas hablando mal de mi y que su depresión a la final había sido puro cuento para zafarse de la situación. “No eres tú, soy yo”. Le había dado todo a alguien que solo encontraba excusas para no estar conmigo. Las ex, la amiga, el trabajo, sus crisis, el clima. Siempre tenía la cabeza en otros lados y el corazón en otras personas.

 

Había tratado como a George Clooney a un sapo, o mejor dicho, a cualquier tipo para no ponerlo como un cuento de hadas. Y yo me había vuelto la chica de mis pesadillas. Una mujer que producto de la traga, la codependencia, el amor o hasta las mismas ganas de querer estar con alguien, había pasado por encima de todo, hasta de sí misma.

 

A veces nos dejamos llevar por qué tan guapo sea, qué tan compatibles seamos según la astrología, qué tan bien baile, qué tan rico huela o qué tan interesante parezca y sí es importante pero ojo, esto a la final son máscaras que nunca dicen nada de como realmente pueden ser las personas, porque caras vemos, issues no sabemos.

 

Y a la final terminamos dejando entrar a nuestras vidas a alguien para que nos rompa la confianza en las relaciones, la autoestima al querer compararnos con terceros, las ganas de amar, las ganas de estar bien o inclusive de cortar por lo sano. Llegan a tal punto de hacernos preguntar qué es lo que está mal en nosotros para que no funcione y nosotros lo permitimos.

 

Siempre habrá gente así como él, que va por el mundo rota, con dolor y rabia, porque nunca los amaron como ellos querían o nunca aprendieron a amar o que no saben lo que quieren y van por ahí, rompiendo a los demás con su inestabilidad emocional. Pero si ponemos límites, estamos más atentas a las señales para irnos cuando no nos sentimos bien y no nos encaprichamos con ideas de una relación o persona que ni existe, no nos damos palo como si todo fuera culpa de nosotras, no normalizamos el maltrato ni las agresiones, ni las manipulaciones, ni que nos echen la culpa de algo que no hicimos o creamos normal que nos hagan parecer como unas “locas”, seguramente seremos más conscientes de lo que nos merecemos y tenemos.

 

Siempre necesitamos grandes cantidades de amor propio, salir de ahí será más fácil o al menos nunca los dejaremos entrar. Porque el amor no es así, aunque a veces el tipo que tanto quieres te repita mil veces que lo es y que seguramente te haga creer que eso es lo que te mereces y te diga exagerada, dramática cuando pides algo o quieres poner límites. Sin embargo, aunque se pueda prevenir, salir de una cosa así siempre nos hará más fuertes.

 

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