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Consejos para superar la friendzone

Ilustraciones por Mariana Yepes

Estar en la friendzone es una oportunidad para conectarnos con nosotras mismas y descubrir muchas facetas que no conocíamos ante

Que tire la primera piedra esa persona que nunca haya caído en la friendzone (y que por ahí derecho nos comparta la fórmula mágica).

 

Según mis cálculos y creencias, todos y todas hemos estado ahí por lo menos una vez en la vida; porque la friendzone no discrimina sexo, nivel de estudios, estrato social, tipo de personalidad, popularidad o tipo de belleza (a los más bonitos también les pasa). La friendzone es para todo el mundo (no, pues… ¡gracias!), y nos damos cuenta que estamos ahí cuando ese alguien que nos encanta, nos sale con frasecitas como:

 

– Te quiero mucho, pero como amiga

– Eres como mi hermanita

– Es que no quiero hacerte daño

– No quiero dañar nuestra amistad

– No eres tú, soy yo

– Ojalá encontrara alguien como tú (pero, ¡si yo soy como yo!)

– Nunca saldría con una amiga

– Jajajajajajaja, “qué lindo está el día” o dos chulitos azules (en respuesta a un “te quiero” o algo lindo)

 

Y justo, cuando escuchamos o leemos estas cosas, podemos sentir cómo nuestro pecho se comprime a tal punto de aplastar el corazón en mil o millones de pedazos y respondemos con una sonrisa (haciendo fuerza para que no se salga la lágrima); porque adoramos a este ser y no queremos hacerle pasar un mal momento con un drama o una respuesta negativa. Pero duele, porque nos damos cuenta de que la química, las cosas en común, la magia de los momentos juntos y las coincidencias, no son nada más que una amistad y que los sentimientos que se despertaron, van solo en una dirección.

 

Lo peor es que aunque nos damos cuenta de esto, seguimos esperando que nos ocurra el milagrito, que se de cuenta de la mujersota que somos (ya se dio cuenta pero no le gustamos y eso está bien) y que por fin tome la iniciativa; así que por esto decidimos seguir siendo complacientes, estando ahí siempre y haciendo todo lo que sabemos que le gusta, porque seguro así nos va a empezar a ver con otros ojos (yeah right).

 

La triste realidad: esto no va a pasar, las cosas no van a cambiar (bueno, puede que sí, pero en la mayoría de los casos no pasa) porque cuando una persona está enamorada de verdad, no siente miedo a arriesgarse, a “dañar” la amistad o a quererte mucho más que como una amiga.

 

La esperanza: ¡de ahí podemos salir! Y mi consejo es que no lo hagamos por lograr que se enamoren de nosotras sino por amor propio, por no quedarnos en un lugar en el que no nos están valorando como debe ser y para hacerlo, creo que esto podrá ser de mucha ayuda.

 

Antes de enojarte
Lo primero es no “llenarse de mocos” (es una expresión inmunda, pero me parece divertida) porque no nos están valorando, porque “no somos suficientes”, porque son unos “idiotas”, “imbéciles” o (inserta aquí la ofensa que se te ocurra), STOP! No, no son unos malditos, y como cualquier persona en el mundo, ese bizcochito que nos encanta tiene derecho a elegir. Al fin y al cabo no somos un aguacate para gustarle a todo el mundo (y eso que ni el aguacate le gusta a todos); además, ¿cuántas veces no nos ha pasado que le gustamos a alguien que no nos gusta ni poquito? Y eso no nos hace imbéciles o idiotas, estamos ejerciendo nuestro derecho de elección, así que antes de enojarse: ACEPTACIÓN.

 

Sí, sé que es frustrante y difícil, pero tenemos que aceptar que así es la vida y debemos decirle adiós al drama. Es como aceptar la muerte de alguien (solo que menos grave ooobviamente), no queríamos que pasara y nos duele, pero debemos continuar la vida aceptando esta situación.

 

 

No eres tú, aunque tampoco es él.
Una de las posiciones que acostumbramos a tener es en la que sentimos que no somos suficientes, que no valemos la pena, que hay algo que estamos haciendo mal, que si no es él no es nadie y que nos vamos a quedar solteras el resto de nuestras vidas. Entonces empezamos a creer que el problema somos nosotras y la vedad es que no (tampoco es el bizcochito, para ser sincera). Esta es una oportunidad para ver qué tan fuertes estamos en eso que llaman “amor propio”, porque es el momento en el que debemos llenarnos de seguridad y de saber lo mucho que valemos, tanto así que no vamos a seguir invirtiendo nuestra energía en una persona que no comparte nuestros mismos sentimientos, porque para las relaciones se necesitan dos (o más, ya eso depende de cada quién). No hay nada malo en nosotras, ni en él, es simplemente que así es la vida.

 

 

Di lo que sientes
Nunca te quedes con nada. Siempre he pensado que es mejor arrepentirse de lo que se hace que de lo que se deja de hacer y decir lo que sentimos nos libera aunque pueda ser vergonzoso. Es mejor pasar un ratico coloradas y no el resto de la vida descoloridas. Esto lo digo por experiencia propia: hace mucho tiempo me enamoré de un amigo y jamás le dije porque pensé que yo no le gustaba, que no era su tipo y simplemente me alejé. Varios años después (él con novia y yo con novio), decidí decirle que en esa época, él me gustaba, Su reacción fue un grito, diciéndome que yo también le gustaba mucho y que nunca me dijo porque pensó que él no me gustaba (EPIC FAIL);

 

¿Se imaginan si le hubiera dicho? Pero bueno, de ahí aprendí a que las cosas hay que decirlas y no tanto por esperar algo a cambio, sino por ser sinceras y fieles a lo que estamos sintiendo, aunque no sea recíproco. Eso sí, que no sea por teléfono, por Whatsapp (o por cualquier chat) y mucho menos gracias a los efectos del licor a las 3:00 a.m. (ni a ninguna hora). Las cosas de frente y con los seis sentidos (sí, seis).

 


Aléjate (si y solo si, al decir lo que sientes, él no se mostró muy entusiasmado)
Y no con el fin de hacerte extrañar, con el fin de enfocarte en otras cosas diferentes a él, de enfocarte en ti. La verdad es que cuando nos gusta alguien, nos empezamos a centrar en esa persona y nos olvidamos de hacer eso que nos gusta tanto. Sé que no es tarea fácil, porque precisamente eso que tanto nos gusta es salir, hablar, chatear… ¡Todo! pero con él. Así que es momento de cortar el “cordón”; aunque, tal vez (seguro), al principio estemos mirando el celular cada cinco minutos para ver si nos habló, y si llega a hacerlo vamos a querer responderle inmediatamente, pero ¡NO!, en este momento es cuando más debemos dedicarnos tiempo y abrir espacios para conocer a otras personas, para cambiar de planes, para descubrir otros lugares, es el momento de conectarnos otras cosas (move on) y de dedicarle menos tiempo al susodicho, hay que aprender a decir “no”.

 

Créanme que alejarse, sirve mucho y no se trata de dejar de hablarle del todo, porque igual es un amigo, pero sí hay que irse distanciando, porque si somos realistas, nadie quiere ser la mejor amiga de alguien a quien se quiere llenar de besos y de amor cada vez que se ven, eso no se puede. Dejemos ya de estar pendientes, de enviarle mensajes, de decir que sí a todo, hay que empezar a estar pendientes de nosotras mismas y de nadie más.

 

 

Paciencia
El tiempo lo cura todo, no hay mal que dure 100 años (y obviamente, ni cuerpo que lo resista), y todo pasa. Son frases de cajón, pero muy ciertas que son. Siempre vamos a querer que todo pase rápido, que ese dolor se vaya y que esa angustia no nos oprima el pecho todo el tiempo, pero puedo asegurar que en el momento en el que empezamos a actuar por sentirnos mejor, así duela un poco al principio, todo empieza a llegar milagrosamente.

 

De un día a otro te vas a dar cuenta que ya no le hablas tanto y no es porque te estés resistiendo, es porque de verdad ya no te dan tantas ganas; vas a notar cómo cuando lo miras ya no se te acelera el corazón ni te dan ganas de caer derretida como un helado bajo el sol. Con el tiempo te vas a dar cuenta cómo ya no miras el celular cada 5 minutos (sino cada 15) y cómo después de 2 horas no le respondiste un chat sin ni siquiera darte cuenta. Estos tiempos van aumentándose y te vas sintiendo cada vez más fuerte. Solo se trata de tener paciencia para que el tiempo pase.

 

 

Siempre llega alguien mejor
Siempre, siempre, siempre. Y no quiero decir que una persona sea mejor que otra, es simplemente que a medida que vamos teniendo este tipo de experiencias, aprendemos a ser más selectivas y a poner más límites, por eso siempre llega alguien nuevo que alcanza unos estándares más altos. De hecho, puede ser el mismo bizcochito en una mejor versión; pero al tener claro qué es lo que queremos en nuestras vidas y lo que no, no dejamos que cualquiera pase ese filtro y como resultado, atraemos “mejores” personas.

 

 

( B o n u s ) Cosas que no debes hacer.
Por nada del mundo, porque no te van a ayudar en nada más que hacerte sentir peor al final.

– Tratar de darle celos (sal con alguien, solo si te gusta de verdad)

– Cambiar de estilo o personalidad para gustarle más (nunca hay que perder la esencia)

– Subir fotos de lo feliz que estás y lo bien que la pasas, cuando en realidad estás sintiéndote triste (está bien estar triste y si se dan cuenta no importa)

– Victimizarte y hacerlo sentir culpable (que no estén contigo por “pesar” )

– Brujería (solo no lo hagas)

 

 

Sobrevivir a la friendzone es un logro más en la vida. Si al final terminamos añadiéndole la palabra “boy” o “girl”, pues genial, eso da mucha felicidad y obvio cuenta como logro; pero sobrevivir sin el bizcochito no nos convierte en unas perdedoras, de hecho es probable que al tiempo nos preguntemos: ¿yo qué le veía?

 

Estar en la friendzone es una oportunidad para conectarnos con nosotras mismas y descubrir muchas facetas que no conocíamos antes: es el momento de darnos cuenta que somos muy fuertes y que lo podemos todo.

 

Comentarios (3)

  • Rebeca Muzo

    Excelenteee!!! Las recomendaciones son precisas!!! Y queda en cada uno superar la friendzone

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  • Lauu

    Amééééé este post!!

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