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Autoguardado 2018-05-10 01:31

Ilustrado por: Melisa Amaya

El autocontrol a la hora de gastar el dinero es casi un talento y quienes son innatas en el arte de gastar bien la plata, son bendecidas y afortunadas. Para otras (y me incluyo), es un hábito que se da con el tiempo, como un rehab de malas costumbres.

Hace ya bastante se fue diciembre con su alegría y también con su capacidad de dejarnos sin un peso, con deudas  navideñas y a veces todo un año de gastos innecesarios y de creernos Rebecca Bloomwood, porque todas en algún momento hemos escuchado esa voz que nos dice que lo compremos, que lo necesitamos.

 

Y cómo nos vamos a negar que muchas veces salir de compras y tomarnos un cafecito con las amigas es terapéutico. La mala noticia llega después, cuando compramos cosas que realmente no necesitábamos o gastamos más plata de la que podíamos gastar, en ese momento nos confrontamos con la realidad, con nosotras y justo cuando estamos por tomar la decisión crucial de ahorrar aparece otra salida, otra comida, otro antojo divino que nos lo impide.

 

Generalmente el primer semestre del año trae consigo una energía increíble que nos da ganas de crear, de empezar nuevos proyectos y de cambiar viejos hábitos. Y aunque ya casi lleguemos a mitad de año, cualquier momento es oportuno para aprovechar esa sensación y ese impulso de querer ponernos metas, prometernos dietas, decir que vamos a hacer más ejercicio, más viajes y, por supuesto, decir que vamos a aprender a manejar mejor el dinero.

 

Pero Lolitas, una realidad que no podemos ignorar es que el top de propósitos más ignorados está encabezado por “ahorrar” y “hacer ejercicio o dieta”, y es que ahorrar es como hacer dieta, no siempre es fácil y también se necesita fuerza de voluntad.

 

Hay que tener claro que no está mal querer comprar cosas, darnos gustos o salir, pero también hay que tener claro que ahorrar no tiene nada que ver con ser tacañas y que hacerlo tampoco nos convierte en las tías amarradas.

 

Como siempre nos han dicho y como dice el famoso mantra sobre el equilibrio: “Ni muy muy, ni tan tan”, manejar mejor el dinero no se trata de guardar todo lo que más podamos debajo del colchón y mucho menos dejar de hacer las cosas que nos gustan y que implican gastar plata, es ser más consientes de los gastos que hacemos, es casi un encuentro espiritual con la adultez en donde comenzamos a encontrarle todo el sentido del mundo a lo que valen las cosas y nos damos cuenta que para cumplir algunos propósitos necesitamos plata.

 

Lolitas, nuestro encuentro con la adultez se consolida un poquito en ese momento en que comenzamos a pensar en gastos, en lo que debemos, cuando los números se convierten en una preocupación y rogamos que a final de mes no quedemos en menos cero.

 

Por eso, una ardua observación a profesionales del ahorro (las abuelas, las mamás y las algunas tías) hace que la tarea de ahorrar sea más fácil y saquemos ese propósito de nuestro top de cosas que prometemos, pero nunca hacemos.

 

 

4 mandamientos del ahorro:

 

– No gastaré plata que aún no tengo:

 

Tener la plata gastada antes de que te paguen o antes de que llegue a tus manos es un riesgo, si tienes compromisos o antojos fijos como cumpleaños, salidas, un libro o unos zapatos que quieras hace mucho tiempo, puedes ir haciendo, como diría mi papá, una reserva, para que cuando llegue el momento no te veas en la necesidad de gastar plata que aún no tienes.

 

Tip: La reserva es intocable, cada mes o cada quincena puedes sacar un tanto para tu compromiso y no mirarás la reserva nunca más hasta que llegue el día de gastarla para lo que fue destinada, también puedes hacer una reserva por si las moscas, es decir, una reserva para salidas o gastos improvistos.

 

– Ni muy muy, ni tan tan:

 

Evitar pasar de un extremo a otro, de gastar mucho a no gastar nada y ser tacañas, no.

 

Tip: Los extremos nunca son buenos Lolitas, y no hay nada peor que pasar de querer a manejar mejor tu dinero a ser tacaña hasta contigo misma y lo que quieres. ¡Pecado!

 

– Aprender a decir que no:

 

Si surgió una salida o un antojo y en el momento no cuentas con la plata para eso o tienes que endeudarte para poder hacerlo, aprende a decir que no de vez en cuando.

 

Tip: El antojo o el restaurante van a estar ahí, la paciencia es una virtud.

 

 

– Mi ahorro tiene nombre, mi ahorro es para mí:

 

Ponerle nombre o destino al ahorro. No ahorrarás a la loca, ahorrarás para ti y para que puedas realizar tus planes sin quedar como Pamela Anderson en 2012: quebrada.

 

Tip: Ahorra con propiedad, usar una alcancía o una cajita que tenga el nombre de lo que quieres hacer con ese dinero, es cliché, pero es infalible.

 

El autocontrol a la hora de gastar el dinero es casi un talento y quienes son innatas en el arte de gastar bien la plata, son bendecidas y afortunadas. Para otras (y me incluyo), es un hábito que se da con el tiempo, como un rehab de malas costumbres con el dinero, y si ahorrar ha sido no solo un propósito para este año sino de todos, siempre hay tiempo de empezar a hacerlo, pensar que es algo que haces para ti y para lograr lo que quieres con un poco más de facilidad y menos estrés.

 

Siempre me pareció complicado ver como las personas se preocupaban por cuentas y pagos, yo quería quedarme con la parte divertida del asunto, comprar como Rebecca y no tener que preocuparme por las cuentas y los pagos, y la verdad es que todas tenemos que enfrentarnos a eso en algún momento, hasta Rebecca cuando tiene que vender todo su closet.

 

Lolitas, no hay nada mejor que a final de mes podamos ver los frutos de nuestra nueva costumbre y salir a celebrar, darnos ese gusto, comprarnos ese antojo, irnos a ese viaje sin remordimientos, sin estrés y sobre todo, con la banca bien puesta lejos de estar rota.

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