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El bizcocho encan(r)tador

Ilustración por Andrea Paz www.facebook.com/ali.peace.ilustra/

Todas nos hemos topado con un bizcocho que nos trata como nos gusta y nosotras vamos cayendo redonditas, detalles por acá y por allá, pero de repente y sin pensarlo, al bizcocho se le acaba el hechizo, el encanto. En mi caso, pasó de ser el bizcocho perfecto, detallista y amoroso, de esos que todas queremos en nuestras vidas por ser el caballero perfecto, que le caía bien a los papás y a la familia, que lo recogía a uno en el carro y todo eso, a un celoso compulsivo y dependiente total de mí, pero cuando me enojaba, me mostraba esa carita y esos ojitos de “no va a volver a pasar” y piensen lo que quieran, pero yo sé que al menos una vez todas hemos caído.

 

Además de eso, en la cama era simplemente indescriptible y claro, uno no se va a negar a aceptar los atributos de ese bizcocho, que además de que físicamente aguanta más de lo uno se imagina, tiene sus formas de dejarlo a uno sin palabras en esos momentos veraniegos. Cuando me puso problema por salir con unos amigos a rumbear sin él porque no quería ir, me enojé y le puse un alto, pero me negué a mi misma la posibilidad de dejarlo ir, me dije que no podía simplemente dejarlo atrás… y empezó el peor drama de mi vida: el encarte más tenaz con ese bizcocho.

 

Pasaron muchas cosas y aún sigo buscando la forma de alejarlo, pero el tipo insiste más que mamá luego de 30 llamadas perdidas. Al final, puedo darme cuenta de que todo fue una ilusión, que el tipo necesita ayuda psicológica y yo protección del Estado contra exnovios locos compulsivos.


 

Lolas, no se dejen encantar porque al final se van a encartar.

 

> Escrito por Isabel

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