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Be whatever you want

Ilustrado por Susana Ramírez @SusanaRamirezVelez

El feminismo se ve divino en Emma Watson, en el pie de foto de tu selfie del día de la mujer, en las fotos a blanco y negro de las primeras mujeres feministas marchando y en las lolas dibujadas de tu camisa. Pero solo cobra sentido si sabes que, además de estar en tu ropa y en tus vellos no depilados como muestra de tu libertad de elegir y ser, está en ti.

 

 

Hemos perdido de vista lo importante, porque más allá de estar en una lucha contra la discriminación, los estereotipos, las políticas sexistas y excluyentes y los tipos como Trump –cosa que ya es demasiado y nos agota–, tenemos una lucha interna por borrar lo que queda dentro nuestro del pasado –puedes incluir la cátedra de tu abuelita diciéndote “cómo se debe comportar una niña de bien­”–. Y por reconocer que, quizá por costumbre, hemos normalizado y omitido pequeñas violencias, limitaciones o juegos de roles en los que aún seguimos jugando aunque creamos que estamos libres de eso.

 


 

Es más fácil ser el juez, ponernos la toga y señalar, antes de ser el pobre acusado al que le tiran las piedras. Porque aunque no lo crean, Lolas, en nuestro interior también pueden estar el machismo y las reglas que impiden nuestra completa libertad.

 

 

El feminismo comienza en ti: en la forma en la que piensas, actúas y te relacionas. Basta con la idea de que la liberación sexual sea de putas o mujeres que valen poco. Basta con las reglas para vestirnos, para salir en la noche, para maquillarnos, para ‘hacernos desear’ de los hombres. Basta a tu voz interna que te dice que es mejor esperar a que a ellos se les ocurra hablarte primero, pedirte perdón, querer conocerte. Basta con que los hombres te deban abrir la puerta, ceder el puesto, dar la mano, pagar la cuenta, besar primero. Basta con que sean ellos quienes deban pararse para darle su puesto a la anciana que sube al bus y no tú, que estás igual de cómoda cuando alguien necesita de ti. No esperes que nadie haga lo que tú debes hacer… no hay reglas.

 

 

Debemos elegir la vida que queremos tener sin pensar cómo debe ser. El machismo está en dejar que ellos y nosotras seamos quienes definamos cómo tenemos que actuar y ser. Quién se inventó las reglas no disfrutaba nada… ni se comía nada. ¡Seamos la mujer que nos dé la gana de ser! Sin pensar qué dicen, qué etiqueta recibes, si es mañé o cursi o patético. En la medida que criticas al otro, te impides desarrollarte con completa libertad. ¡Déjate ser! Sí, Lolas, tan cliché como que somos perfectamente imperfectas. Porque a la final lo que nos hace únicas y lo más grandioso de ser mujer es crear nuestra propia versión.

 

> Escrito por Lola Pecosa

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