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Amarilla es cosa seria. Trip, trip, trip.

Ilustrado por: Mariana Yepes

Hay cosas que valen la pena: la música de los bares en la noche, salir a contar urapanes y alimentar palomas, amar sin medida.

Opio en las nubes es la primera novela publicada del escritor colombiano Rafael Chaparro Madiedo. Este bogotano nació en el año 1963 en Bogotá y falleció en esta misma ciudad tan sólo 32 años después a causa de una dolorosa enfermedad.

 

Sin duda su obra más reconocida es la novela Opio en las nubes,  publicada por primera vez en 1992, la cual recibió el Premio Nacional de Literatura al siguiente año y la que dio paso a las futuras recopilaciones de la obra del autor en forma póstuma. Chaparro estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes, así se dedicó a su pasión: la Literatura.

 

Además de desempeñarse como uno de los escritores de una nueva generación que retrató la ciudad, la juventud y sus problemáticas desde una mirada del rock y la noche, fue libretista de dos programas televisivos de gran renombre en los noventa: Zoociedad y la Brújula Mágica, es indiscutible que debemos leerlo pues en sus letras podemos identificar nuestras caminatas nocturnas en búsqueda de algo que todavía no sabemos qué es, ni dónde lo podemos encontrar.

 

Alguna vez una persona que se consideraba muy avezada en el tema lo tildó despectivamente de “literatura adolescente”, pues no, queridas lolas, este libro es para cualquier persona que sienta una profunda conexión con la noche, para cualquiera que alguna vez se haya sentido desesperado, perdido, que alguna vez haya sentido tedio; para cualquiera que haya salido a caminar en compañía o sólo buscando satisfacción, para cualquiera que no haya podido obtener satisfacción, tal como lo diría Gary Gilmour – un personaje condenado a la silla eléctrica –I Can’t Get No Satisfaction.

 

Escribir sobre Opio en las nubes es difícil: hay tanto para decir, existen tantos personajes maravillosos, tantos bares y tantas canciones. El libro cuenta diferentes historias que suceden en una ciudad –que puede ser Bogotá o cualquier otra urbe principal –desde las voces de mujeres, hombres y gatos a los que les gusta el whiskey, 18 narraciones que se pueden leer de forma individual o atravesadas por un mismo hilo conductor, página a página se adelantan historias que serán retomadas en distintos capítulos, protagonizadas por seres distintos que tienen una misma esencia, que caminan por la Avenida Blanchot y andan en bus por la 26, en la hora nocturna en que las almas perdidas recorren la ciudad buscando ilusión.

 

Hablar sobre cada uno de los 18 capítulos, aunque sería maravilloso, deja poco espacio para que las lolas lectoras tengan gran curiosidad, por eso quiero compartir algunos datos de Amarilla, Marciana, Sven, Max y el gato Pink Tomate, para que enseguida que lo leas quieras ir a comprarlo, pedirlo prestado o sacarlo de alguna biblioteca.

 

Amarilla es cosa seria, así la describe su gato Pink Tomate (otro personaje aún más serio), esta lola que odia los domingos y que no puede dormir, disfruta de la noche, de las apuestas de caballos y cuando toma siestas “sueña con barquitos de papel en la mitad de un cielo azulito”, esta lola que es cosa seria, toma whiskey desde temprano y ama la lluvia, cree firmemente que los sábados son los días de los gatos, los caballos y los muertos; cambia la vida de los que la conocen y sobre todo de quienes la aman.

 

En la misma onda de las lolas nos encontramos con Marciana que siempre quiso ser bailarina, a veces en la lectura podrás pensar que Amarilla y Marciana son la misma, pero eso pierde interés cuando te sumerges en la historia de su locura y los días que pasa en el manicomio, su huida y la forma intensa que tenía de amar: “…déjame ver tus ojos déjame ver si también tienen los sueños vueltos mierda como los míos ven Max estréllate contra mi carne destrózame córtame en pequeños pedacitos y llévatelos y bótalos cerca de aquellos árboles donde nos veíamos cuando terminábamos los días…”. Marciana se dedica a escapar, ama hacer el amor en frente de los espejos de los baños mientras escribe poemas en ellos con su labial rojo, le canta a los caballos y ama los chocolates.

 

En cuanto a los bizcochos, tenemos a Sven y a Max – aunque para mí, no hay bizcocho mejor que Pink Tomate –, son amigos, crecieron bajo circunstancias difíciles, practican boxeo callejero y aman con todo el fuego posible. Sven era un tipo raro, tal vez el personaje que más amaba caminar la ciudad, con Amarilla la recorrió toda, le gustaba el parque de diversiones y ver despegar aviones bajo el trip, trip, trip que le producía la propia Amarilla. Max, por su parte, creció en la cárcel junto a su madre la Pielroja y su mejor amigo Gary Gilmour. Su pasión era alimentar a las palomas y visitar los urapanes, su objeto más preciado era una pelota de béisbol de algún jugador muy famoso, luego su pasión será Marciana y su labial rojo.

 

Finalmente tenemos a Pink Tomate, quien puede presentarse sólo: “Soy Pink tomate el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato al que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así”. Es el narrador de muchos capítulos, ¡claro! siendo gato tiene mejor visión tanto de noche como de día, sabe que las cosas están jodidas pero que las puede salvar andando con su amigo Lerner por todos las azoteas de la ciudad, cuida como nadie a su amada Amarilla y se encarga de describir de la forma más cruda la realidad de este mundo jodido. “…Trip, trip, trip”.

 

Estas son algunas de las increíbles historias, quedan faltando personajes igual de maravillosos que te harán enamorar de este libro y de este escritor, una buena forma de darse cuenta que aunque –como dice Pink Tomate– “todo está jodido” hay cosas que valen la pena: la música de los bares en la noche, salir a contar urapanes y alimentar palomas, amar sin medida.

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