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Hablo de sexo sin haber perdido la virginidad.

¡A vender condones!

Hablo de sexo sin haber perdido la virginidad.
No necesariamente tienes que haber tenido sexo para hablar de sexo.

Ilustración por Emily López

Así yo no tenga con quién tirar, he ayudado a que más gente tire y se cuide.

Volví yo, la virgen a los 26 años.

Me quedó una espina de los últimos artículos que escribí: no quiero dar la impresión que mi vida tiene el soundtrack de Adele, ¡tampoco!

 

Sí, a veces me aburre mi situación amorosa actual, pero no todo es lágrimas, a veces pasan cosas que uno solamente se tiene que reír y escribirle a la mejor amiga: ¡No vas a creer lo que me acaba de pasar!

 

La vida ama la ironía y si con algo he llegado a mis 26 años virgen es con el sentido del humor intacto.

 

Para ponerte en contexto, yo soy publicista, trabajo pensando y escribiendo campañas para varios clientes. De las últimas que hice fue para una marca de condones. Era muy sencilla. Querían vender más entonces ¿qué hacemos para que la gente tire y se cuide?

 

A eso me refiero con el sentido del humor: a ser capaz de reírse cuando le llega ese trabajo al puesto, respirar y decir “bueno, toca”.

 

Vale la pena aclarar que aunque soy virgen, he visto suficientes películas, leídos suficientes libros y buscado suficiente en internet para saber muchas cosas sobre el sexo, o bueno, las necesarias para sobrevivir conversaciones sin delatarme.

 

Te podrás imaginar esa primera sentada a pensar. Por si no sabes cómo funciona una agencia de publicidad, te explico un poco: llega un “brief”, uno se reúne con los del equipo y rebota ideas hasta que alguna buena sobrevive.

 

Lo mejor para empezar a pensar, es hablar del tema. A veces no es tan interesante cuando estás pensando una campaña para quesos o algo así, pero cuando estás hablando de condones, créeme, hay mucho de qué hablar.

 

En esa pensada hablamos de todo, desde posiciones favoritas, lugares más extraños para hacerlo, hasta la más común y la que yo más temía: la primera vez.

 

Esa es la que me mata porque en las otras puedo inventar, mencionar algo sin comprometerme, reciclar escenas de películas y hacerlas pasar como mías, pero nunca he sido capaz de inventarme la historia de cómo la perdí.

 

No sé exactamente por qué, pero creo que tiene que ver con el hecho que en verdad no me avergüenza tanto. Nunca lo digo de frente y no es algo que ando por ahí gritando, pero tampoco es algo sobre lo que siento que tengo que mentir.

 

Bueno, finalmente la campaña salió y fue exitosa. Se logró la meta de condones vendidos lo que significa que así yo no tenga con quién tirar, he ayudado a que más gente tire (y se cuide).

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