No_soy_la_mujer_que_quiero_ser-01
Ilustración por Cristina Fontán @CristiFontan

Podría comenzar este escrito titulándolo “13 reasons why”. Sin embargo, es mentira que serán trece razones por las cuales convertirme en la mujer que quiero me está costando un mundo y parte del siguiente, pero la buena-nueva es que sigo intentándolo.

 

Quiero ser la mujer que sueño, una mujer perfecta para mí, una mujer poema, guerrera, corazón en mano, pero cómo voy a empezar la dieta para tener mi cuerpo de quítate-que-llegué-yo cuando en mi país no se trata de “elegir comer saludable” sino de “elegir comer”. Así, únicamente. No lo que tú quieras, lo que haya.

 

Ya no se trata del champú para cabello rizado, para cabello reseco en verano, el que huele a flores en primavera. No. El que consigas. De placenta de ballena, de clara de huevo, de leche de oveja… No importa, ese también funciona. Le he perdido el miedo al se te van a caer los rizos si usas champú “chino-extraliso-baba-ni-los-ganchos-te-agarran”.

 

Mis felicidades ya no se centran en los black fridays con todo a mitad de precio porque la prenda barata que compre no me la voy a poder comer a final de mes. Ya no es salir todos los fines de semana a beber, ni entre semana a almorzar con las amigas…. Uno aprende a alegrarse por cosas sencillas como tener agua al abrir el grifo 5 días a la semana porque 2 son de racionamiento; conseguir pan en la panadería o pan de sándwich en el súper con cola, o no. (Sí, así de humillante.) Ahora el mejor cumplido que te pueden hacer es en referencia a que no has perdido (aún) los cauchitos de la espalda ni los rollitos de la panza.

 

Creo que los memes de que uno no es feo sino pobre, jamás habían tenido tantísima razón.

 

Pero la mejor felicidad de las peores felicidades es coincidir para verse con todos los amigos que te quedan porque si eran 10, se han ido 5 del país, y de los que quedan uno está haciendo los papeles, otro ya tiene el boleto, otro está viendo a qué santo le reza para poder irse, otro vino a visitar a su familia y el otro otro, no tiene cómo salir de aquí.

 

Ya no se trata de arreglarte poco, de no usar faldas ni escotes, de no andar sola “por si acaso”. Ahora se trata de no llamar la atención de ninguna manera porque tu mayor preocupación no es que te digan algo sucio o que te falte el respeto, sino que te vean como “fácil”…. Fácil de robar, de secuestrar, de amenazar. No es tu integridad como persona la que consideran que vale poco, es tu vida en general que está cotizada a precio justo de mercado por el valor de un teléfono, una equivocación en relación al número de billetes en tu cartera, etc. (Válido para hombres también).

 

En otros países defienden salir del heteropatriarcado porque está bien que mamá trabaje. Acá se ha empezado a ver “normal” que trabajen desde los 14 años o menos haciendo cualquier cosa. Literalmente cualquier cosa.

 

Te preocupas por no gustarle al chico si te enamoras de él, pues en mi país te preocupas porque si te enamoras y le gustas, hay altísimas posibilidades de que uno de los dos se vaya del país. Te preocupas por si deberías conseguir una beca para estudiar fuera o hacer la especialización en tu país. Yo me preocupo porque si quiero un mejor futuro probablemente tengo que emigrar de mi país porque es muy difícil conseguir cómo invertir en el mercado, cómo sacar una carrera.

 

¿Y a ti por qué te cuesta convertirte en la mujer que quieres?

 

 

> Escrito por la hermosa venezolana Hillary Mendoza @efimeera_

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